Marco Rascón

Como fundador y parte convocante de la Asamblea de Barrios de la Ciudad de México el 4 de abril de 1987, la ocasión es pertinente para hacer una reflexión personal sobre lo que fue, ha sido y es actualmente este movimiento, por las implicaciones políticas que tiene para las luchas sociales y democráticas.

Así como hoy se vive en forma drámatica el problema de la contaminación, la inseguridad, la movilidad y otros grandes problemas nacionales, en aquel 1987 decretado por la ONU como el año “Internacional de la Vivienda y los Sin Techo” se inició un censo en un pequeño campamento de la Coordinadora de Cuartos de Azotea de Tlatelolco CCAT en el barrio de Atlampa, del cual nacería un poderoso movimiento popular que demandaba que el gobierno debía atender la necesidad de una vivienda digna por igual, tanto para los damnificados del sismo de 1985, como para los que surgieron a causa de la crisis económica y las políticas gubernamentales. En 1987 se unían: unos venían del triunfo y los otros reclamando el mismo derecho.

Estructurada en base a una alianza de organizaciones y movimientos urbanos, desde aquel 4 de abril de 1987 a la fecha, el nombre de Asamblea de Barrios, causa memoria histórica e identidad entre las más de 50 mil familias que lo integraron originalmente y lograron convertirlo también en un movimiento triunfante, tanto en lo social como en lo político y democrático.

Esta experiencia sigue siendo hoy, un referente de organización entre activistas y organizadores sociales con gestión auténtica; pero también, es necesario el deslinde y denuncia ante una lucha que nació con una gran legitimidad y que a lo largo de estos 29 años, intereses sectarios la dividieron; políticas contrainsurgentes desde el gobierno se propusieron desprestigiarlo; y ahora, grupos delincuenciales, se ostentan bajo su nombre para encubrir otras actividades claramente ilegales, de provocación y de vandalismo.

En aquel 1987, la ciudad vivía 10 años continuos de crisis económica y de la nefasta política de austeridad impuesta desde el exterior por el Fondo Monetario Internacional que congelaba los salarios, despedía a miles de sus trabajadores y encarecía la vida y el sustento.

En 1987, se unieron las consecuencias de la destrucción de más de 15 mil viviendas por la construcción de los Ejes Viales desde 1978; con otros miles, quienes fueron amenazados de desalojos por desahucio ante una inflación que llegaba al 180 %, lo cual enfrentó como nunca a propietarios de inmuebles e inquilinos. Al demandar los arrendadores aumentos de rentas, especulando con la escasez, y los inquilinos, defenderse por no poder pagar por los topes salariales y el congelamiento de sus ingresos, miles no solo eran despedidos de sus empleos, sino también de sus viviendas.

Bajo ese contexto económico y social, el sismo movió todo. La experiencia de organización, participación, movilización social y civil dejada tras el sismo y la reconstrucción, generó en los barrios de la Ciudad de México, una sana enseñanza colectiva para mejorar, tener conciencia de los derechos ciudadanos y como aspiración general, luchar por el trato equitativo y digno por parte de la política gubernamental.

En ese contexto nace la Asamblea de Barrios de la Ciudad de México, que unificó a diversos movimientos locales principalmente en Tlatelolco, Centro Histórico, el Arenal, colonia Guerrero, Pensil, Santa María la Rivera, Tlatilco y que en semanas unificó a más de 650 barrios y colonias de las Delegaciones Cuauhtémoc, Venustiano Carranza, Miguel Hidalgo, Azcapotzalco, Gustavo A. Madero, Iztacalco, Benito Juárez y Coyoacán, a los que se sumaron grupos de Iztapalapa y Alvaro Obregón.

A lo largo de 10 años, se suscribieron 8 Declaraciones de los Barrios de la Ciudad de México, que informaba y convocaba a la organización y unidad del movimiento, siendo la primera, la que llamaba a defender la vivienda que se tenía en posesión pacífica y continua, proponiendo a los propietarios de inmuebles, a los tribunales del arrendamiento y al gobierno, una tregua, hasta que la política pública equilibrara el mercado de la vivienda en renta.

De esta manera la Asamblea de Barrios nace en 1987 como un poderosos movimiento inquilinario único e inédito, desde la huelga inquilinaria en Veracruz por el comunista Herón Proal en los años 20, con la característica de no pedir congelamiento o huelga de pago de rentas, sino en contra de los desalojos forzados.

Funcionando como un parlamento popular cada los jueves a lo largo de 10 años en un teatro abierto en la zona de San Cosme, la Asamblea de Barrios tuvo un simbolo de lucha y unidad llamado Superbarrio y su escudo SB que nació un día como hoy 12 de junio de 1987 bajo el Angel de la Independencia y que cambió radicalmente las formas de lucha de los movimientos urbanos y sociales básandose en el optimismo, el carácter festivo, la música y baile en las calles, reivindicando el respeto y la cultura de los barrios: estas formas neutralizaron las tentaciones de represión utilizando la ironía y el sentido del humor, ganando prestigio y la confianza para que miles de amas de casa con sus niños, salieran con seguridad a las manifestaciones a demandar derechos y una vivienda digna.

La Asamblea de Barrios fue promotora de la cultura popular, organizando la primera fiesta colectiva de quinceañeras; la “Lucha del Siglo” en el zócalo entre Superbarrio vs. Catalino Creel simbolo de la maldad en la principal telenovela de la época, para lo cual, el gobierno la impidió secuestrando el ring, convirtiendolo en el “primer ring preso político” y que motivó a Carlos Monsivaís a acusar al gobierno de un nefasto delito: su falta de sentido del humor.

Aunque en la izquierda partidaria, encerrada en sus formas tradicionales, les parecía falta de seriedad estas formas de lucha y organización, a las cuales consideraban sin tradición “de izquierda” y de desclasados, en los barrios populares y sectores de jóvenes, mujeres, niños y trabajadores, generó orgullo, identidad y pertenencia a un movimiento propio.

En 1988, la Asamblea de Barrios formó parte del movimiento democrático en torno a la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas, el cual, el 6 de julio, votó por Superbarrio “como símbolo y ejemplo de auto organización de los ciudadanos por sus derechos”. De ellos el resultado electoral en la ciudad fue 47 % Cárdenas, 21 % Carlos Salinas, lo cual abrió el caudal de reformas y cambios en la ciudad, que 10 años después, significaría el primer gobierno electo, surgido de un largo proceso histórico de luchas en todos los sectores sociales.

A 29 años del surgimiento de la Asamblea de Barrios, es necesario ofrecer una explicación sobre lo que ha sucedido con el nombre de la Asamblea de Barrios y el escudo SB de Superbarrio:

1.- Que la Asamblea de Barrios de la Ciudad de México, como un movimiento unificado con un proyecto de ciudad que la identificaba, ya no existe como tal.

Que su nombre fragmentado y con apellidos diferentes en edificios, vecindades y barrios es un acto de resistencia y memoria histórica, que representó a miles en la lucha ante los grandes problemas de aquellos años, tras la presión gubernamental y partidaria por dividarla. Que el juicio sobre este movimiento debe ser objetivo, esta inconcluso sobre su trayectoria histórica. Que la imagen delincuencial es reciente y que su historia es más grande e importante que la de aquellos que la usurpan para protegerse.

Que Superbarrio como símbolo, pertenece a la ciudad y sus ciudadanos; que existió y nació desde las luchas populares independientes antes de 1988 y que por lo tanto, Superbarrio es un simbolo cultural de lucha, patrimonio colectivo, cuya misión fue y ha sido unir, organizar y promover la lucha democrático social; que su rostro tras la máscara, representa al ciudadano comprometido y colectivo, al organizado, al que lucha por derechos. Superbarrio fue y será dentro de la historia de las luchas urbanas, un simbolo de poder popular que identificó a toda una época y una generación de activistas y militantes y por tanto, su importancia rebasa cualquier interes sectario.

2.- Que se cometieron graves errores sí, de los cuales yo y nadie de los que fuimos sus dirigentes podemos excluirnos como responsables. Uno de esos grandes errores no se mantuvo la independencia debida de la Asamblea de Barrios con respecto a la formación de otros proyectos políticos con los cuales coincidía como movimiento democrático en las calles y las plazas. De estos errores devino el inicio del declive, la división y las malas prácticas que la desgastaron y ahora han usurpado su nombre para delinquir, despojar, amenazar y defraudar.

4.- Que la Asamblea de Barrios de la Ciudad de México como movimiento con una dirección abierta y públicamente conocida, no existe más y que cada grupo visible es responsable de sus actos. Que su carácter y misión se definen de acuerdo a sus propósitos, trabajos, prácticas y objetivos. Que se requiere un análisis a fondo de cada uno de ellos para hacer un balance objetivo e histórico de estos 29 años.

5.- Que aún existen organizaciones con dirigentes honestos y que luchan desde la legalidad y la gestión transparente por el derecho a la vivienda digna, organizando solicitantes e inquilinos en barrios de la Ciudad de México y que se debe dar a ellos reconocimiento por estos 29 años de tenacidad y trabajo responsable.

6.- Que la práctica define a unos de otros, no por un jurado, sino por sus acciones, pero que aún así, existe confusión que favorece a los que han usado su nombre y el de Superbarrio, no para defender derechos inquilinarios y sociales, sino para su propio beneficio o para delinquir ayudando a la criminalización de los movimientos sociales.

7.- Que la actuación de estos grupos y delincuentes han generado un profundo daño y desprestigio a la organización popular y la participación ciudadana, la cual debe cesar.

8.- Que si ayer, la lucha social debía identificar a los provocadores y los que ayudaban a justificar la represión, hoy el deber de todo activista y organizador, es rechazar las prácticas delincuenciales y deslindarlas de los genuinos actos de rebeldía y resistencia social.

9.- Que todos aquellos fundadores, activistas y militantes de ayer y hoy de la Asamblea de Barrios de la Ciudad de México deben reflexionar y no permitir que la gran obra en defensa de los barrios, la vivienda y la lucha por la democracia, termine bajo la bandera de la provocación, la contrainsurgencia, la delincuencia y el vandalismo.

10.- Que solo mediante una genuina autocrítica será posible recuperar la obra colectiva y que eso es trabajo desde los que fueron parte, testigos, activistas y dirigentes. Que si no hay autocrítica, estaremos profundizando en el error de actuar con las misma prácticas que combatimos. Que la lucha actual, no es para repetir la política clientelar y corporativa contra la que luchamos hace 29 años.

Que es momento de renovar esfuerzos para desde la independencia política y organizativa, cercana a los ciudadanos impedir el despojo de un esfuerzo colectivo que pertenece a la ciudad y a los que formaron parte de ella.

Ciudad de México, Colonia Roma a 12 de junio de 2016