¡Chávez ya no soy yo!, ¡Chávez es un pueblo!

Hugo Chávez Frías

8 de marzo, 2014

Por Jacob Aviña

En el conversatorio organizado por la Fundación para la Democracia dedicado al tema del populismo, nos reunimos para discutir este fenómeno con diversos despliegues en distintas partes del mundo, principalmente en América Latina, Europa y Estados Unidos. Entre los invitados se encontraban el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, Carlos Lavore, Benjamín Arditi, profesor de la FCPyS de la UNAM y Carlos de la Torre, un académico ecuatoriano y profesor de sociología en la Universidad de Kentucky, quien se ha dedicado a estudiar intensivamente el concepto populista.

Carlos comenzó explicando, que no se puede hablar de un solo populismo, ya que tiene muchos matices y características a veces hasta contradictorias. Por eso, él se refiere al populismo en plural. Para entender a los populismos globales es indispensable el estudio de los casos latinoamericanos. Señaló que el siglo XXI probablemente será recordado como el siglo de los populismos. Asimismo, han emergido populismos en África, Asia y en Oriente Medio a la par de las transiciones democráticas.

“si bien partidos y movimientos populistas emergieron desde el siglo XIX en Europa y en los Estados Unidos, sólo en América Latina, líderes populistas gobernaron y dominaron la escena política desde los años 30 y 40 del siglo pasado.

En la actualidad, hay países que tienen populistas en el poder, como es el caso de Grecia, Hungría y Polonia. No obstante, los casos más representativos de los últimos años ha sido la llegada del populismo a la cuna de la democracia liberal con Donald Trump, la cual ha propiciado la elaboración de una cantidad sorprendente de trabajos acerca de populismo. Por otro lado, también destacan los casos de Chávez, Correa y Morales, donde los populistas destrozaron las instituciones que calificaron como excluyentes y corruptas, aprovechando para forjar nuevas constituciones e instituciones políticas. A pesar de que América Latina es la región donde se ha discutido de una manera más sistemática el concepto de populismo”, por la fuerza que tienen los populismos de derecha en Europa y Estados Unidos, en las discusiones occidentales, América Latina es relegada a simples notas de pie de página. Por lo general, en las ciencias sociales europeas y americanas el sesgo colonial imperialista representa una enorme pérdida, ya que no se interesan en los debates latinoamericanos, y por lo tanto no recogen las teorías que se han desarrollado ni las vivencias en esta región.

Para una mejor comprensión de los populismos, conviene utilizar el señalamiento de Ernesto LaClau, quien los analiza como una lógica política capaz de formar identidades populares a partir del concepto de pueblo. Él entiende al pueblo como una construcción discursiva, ya sea pueblo como uno o pueblo como una pluralidad integrada por distintos conjuntos políticos. El pueblo como uno se considera antidemocrático, ya que construye su identidad en la figura de un actor protagonista, quien se considera como la encarnación del pueblo mismo. El pueblo como una pluralidad, construye su identidad con la articulación de distintos actores o identidades políticas.

Si bien, el concepto de populismo es comúnmente utilizado de manera peyorativa por observadores externos, quienes suelen utilizar el término “para descalificar a ciertos movimientos y a ciertos líderes como irracionales, peligrosos y radicales, hay algunos partidos políticos que utilizan este término para describirse a sí mismos. Así lo es con el Peoples Party fundado por trabajadores en Estados Unidos en 1971 o con PODEMOS en España, “un partido político fundado por profesores de ciencia política quienes son lectores de las teorías de LaClau y quienes tuvieron experiencias formativas en las repúblicas bolivarianas.

Este diálogo resulta indispensable frente al contexto previo al proceso electoral del 2018. Además, ha sido útil para agudizar las similitudes y diferencias entre los populismos de derechas y los populismos de izquierdas. Los primeros suelen formar sus identidades en torno a la xenofobia y la exclusión, y son por ello de mayor peligro para la democracia. Trump ejemplifica este populismo al buscar destruir el marco institucional democrático en Estados Unidos. Aunque no lo ha logrado, sí ha afectado el espacio público democrático y desfigurado la esfera pública. Por otro lado, los populismos de izquierdas suelen ser más benignos e incluyentes, al ser insurrecciones en contra del neoliberalismo y cuestionar la institucionalidad existente, la cual consideran un andamiaje político para quienes controlan el poder y buscan seguir ganando elecciones. Estos populismos politizan las exclusiones del neoliberalismo, como lo hizo Evo Morales en Bolivia al pugnar por la inclusión étnica de su país.

Aunque no todos los populismos son iguales, comparten ciertas características: son pragmáticos y utilizan la confrontación política entre dos grupos antagónicos, el pueblo y los enemigos del pueblo. Esto requiere que los populistas estén en una campaña permanente, constantemente cambiando, y hasta inventando, a sus enemigos políticos.

El conversatorio fue un gran punto de partida para comprender mejor el concepto de los populismos, así como para ampliar la discusión sobre el uso del populismo como estrategia política en la búsqueda del poder. ¿Podemos pensar al populismo como herramienta efectiva en un proceso de transición democrática?