Buenas tardes a la familia Cárdenas y los miembros del jurado aquí presentes:
Buenas tardes a los invitados especiales que nos acompañan:
Buenas tardes a los familiares, compañeros y amigos de Raúl Alvarez Garín:

Comencemos por decir que este premio, que fue concretado en memoria de Doña Amalia Solórzano de Cárdenas, ha tenido desde sus inicios una fuerte vocación de militancia e identidad latinoamericana, pues entre quienes han sido distinguidos con él antes que Raúl, hay personajes de la vida política y cultural latinoamericana. Personajes, podríamos decir, que como él, han ensayado distintas formas de resistencia y de lucha por el cambio social, que han sufrido derrotas, pero que han perseverado y han seguido con templanza y generosidad en sus empeños, hasta lograr victorias trascendentes.

Para Raúl, el premio tiene una doble significación, pues con la noticia de que iba a recibirlo, comenzó a evocar con cariño la importancia simbólica de Dña. Amalia Solórzano de Cárdenas, recordando que fue ella quien inició la colecta de fondos para pagar la expropiación de las compañías petroleras en 1938; hay testimonios de su figura solidaria recibiendo a los niños del exilio español cuando llegaban a Morelia, a quienes atendió con tanto apego, que incluso llevó a su hijo a vivir con ellos durante un tiempo en el internado; se le recuerda hermanada respaldando a los refugiados guatemaltecos que salían después del golpe militar del coronel Castillo Armas; de nuevo solidaria, apoyando la lucha de los mineros de Nueva Rosita, Coahuila, que llegaban a pie en su Caravana del Hambre a la ciudad de México; por cierto que en este episodio, Raúl mencionó que sabía que Doña Amalia se hizo acompañar por Esperanza López Mateos, quien a partir de allí rompe políticamente con su hermano, el entonces presidente López Mateos, de triste memoria para los movimientos populares de México.

Raúl ha evocado también la simpatía y solidaridad de doña Amalia con el pueblo de Vietnam, un pueblo combativo y digno defensor de su independencia. Le emociona saber que fue una mujer que supo estar al lado de las mejores causas de los pueblos trabajadores en lucha, de México y de otros rincones del mundo. Y que lleva su nombre, el premio que hoy le entregan.

Todos sabemos que el premio le llega a Raúl en momentos difíciles, personal y colectivamente, pues asediado y agobiado como está por la enfermedad, lamenta más los retrocesos que está viviendo México con las llamadas reformas estructurales neoliberales, que no logran movilizar a la economía nacional, pues lleva más de tres décadas atrapada en un estancamiento camuflado de “estabilidad”. Pero lo que sí ha ocurrido, es que esas reformas neoliberales continúan llenando de sufrimiento los hogares de los trabajadores, hoy agobiados por el desempleo, los salarios de hambre, la ausencia de prestaciones, las jornadas agobiantes de 10 y 12 horas, el vaciamiento de las instituciones públicas de educación, salud y de seguridad social (como el caso del régimen de pensiones), que fueron producto de tremendas luchas a lo largo de varias décadas y hoy son, al mismo tiempo, miseria salarial para jubilados y flamante negocio de oligarcas financistas voraces o de religiosos mercantilizados.

Desde hace más de tres décadas, sobre nuestro pueblo se han ensayado agresivas políticas de austeridad, que bendecidas por el Fondo Monetario Internacional hoy sirven de modelo contra pueblos de todo el mundo, sin excepciones como lo confirma el caso de Europa, políticas que no han tenido otro propósito que, en aras de una supuesta supremacía del mercado, impedir que quiebren los incompetentes empresarios nacionales y extranjeros que en su voracidad no sólo arriesgaron lo propio, sino que al fracasar, le imponen al Estado el salvamento de sus negocios fallidos, pero con cargo a las finanzas públicas. Por eso no podemos olvidar que ha sido el puño de hierro del Estado, el que ha impuesto esa supremacía del mercado; por eso también, está claro que es preciso reorientar la acción pública en favor del 99% que no son oligarcas financieros.

Esas políticas de austeridad llevaron a la destrucción planificada de sindicatos y organizaciones sociales, a la devastación de la mano de obra industrial, al deterioro lento pero persistente de empresas estatales y servicios públicos, propiciaron el empobrecimiento de asalariados rurales y urbanos, sumieron a las comunidades indígenas en la pobreza y la marginación, forzando la migración de millones de compatriotas en una escala sin precedentes.

No sólo eso: dejaron a varias generaciones de jóvenes sin opciones de trabajo ni de estudio. Y en el colmo, al calor de ellas han encarcelado, vejado, desaparecido o matado a dirigentes sociales por todos los rincones del país, con un mismo sello: la impunidad total. Por eso, Raúl ha insistido desde hace varias décadas en la importancia del combate contra la impunidad, cosa que hicimos desde las filas del Comité ´68 Pro Libertades Democráticas, al igual que otros también lo han hecho, sólo que desde otras trincheras, iguales o mejores.
Reconstruyendo episodio tras episodio de esta historia de amarguras, podemos ver la dirección que han tenido esos cambios estructurales: eliminar el legado social de la Revolución Mexicana que plasmó en su máxima versión el Cardenismo; entregar la soberanía nacional con el pretexto del agotamiento del Estado nacional, para convertirnos de facto en neo-colonia estadounidense, a cambio de reconocimientos o silencios frente a resultados electorales controvertidos.

Por eso, no es casual que a lo largo de tres décadas se hayan literalmente borrado conquistas como las plasmadas en el 3°, el 27 y el 123 constitucionales. Y que ensoberbecidos por esta nueva y perversa “ingeniería social”, los oligarcas se apresten a depredar en beneficio personal, no sólo a nuestra fuerza laboral joven y mejor calificada, sino nuestros recursos naturales estratégicos más preciados: el petróleo, el agua, los minerales, dejando tras de sí una estela de depredación, contaminación de largo plazo, abandono y desolación.

México y el mundo, se encuentran pues en una verdadera encrucijada, porque los problemas nacionales se ventilan en una dimensión regional y tienen impactos hemisféricos y globales. Estamos en una condición completamente diferente después de 30 años de cambios estructurales neoliberales, de profundización de la integración económica con América del Norte, cambios que se impusieron en aras de una “modernidad” que por un lado sólo mejora el atractivo de los grandes negocios monopólicos, pero por el otro, nos sume como colectividad en el fango de las prácticas autoritarias y la antidemocracia, los negocios criminales, la impunidad de los funcionarios públicos y la falta de transparencia institucional, en la depredación de la fuerza de trabajo y el agotamiento prematuro de las fuerzas de la naturaleza.

En rigor, esa modernidad que se vende como “progreso”, ha ensangrentado la patria forzando el desplazamiento forzoso de comunidades enteras para desarrollar los mega-proyectos, o como secuela del combate al narcotráfico, mientras los delincuentes de cuello blanco discuten cómodamente nuestra seguridad pública en las oficinas extranjeras, y cínicamente, hasta en coordinación con las autoridades federales, estatales y municipales.
Por todo eso es que estamos hoy atorados, pasmados ante la magnitud del retroceso y sorprendidos por la jaula de hierro en que se encuentra atrapado el pueblo mexicano; pero en el colmo, seguimos viendo cómo los dirigentes populares y sus contingentes sociales se confunden en luchas parciales y auto-limitan sus acciones con visiones localistas, esperanzados en que así van a ganar al menos sus intereses mezquinos.

Tenemos que ir hacia adelante, pero aclarando que ya no podemos simplemente regresar al pasado: hoy, la defensa de los recursos nacionales tiene que ser la defensa de la vida en la tierra, la reivindicación de los espacios y los bienes públicos tiene que ser la guía para poner límites a la irracionalidad individualista, la reivindicación de las diferencias de género, de identidad y religiosas, tienen que ser punto de apoyo para la defensa de nuestra unidad cultural como nación.

Nuestra pertenencia objetiva a una comunidad de América del Norte, producto de la acción económica prolongada, tiene que servir de palanca para forjar una identidad ciudadana común, pero junto a los trabajadores de América del Norte; y eso pasa por no permitir que se legalice la existencia de ciudadanos de primera, de segunda y de tercera. Necesitamos una nueva Constitución, que retome y afirme las conquistas de la Revolución de 1910-17 y plasme las demandas y derechos que hoy reclaman los asalariados del campo y la ciudad, los pequeños y medianos empresarios, las comunidades indígenas y los sectores marginados. Y estemos claros de que el control de los monopolios privados no ha sido nunca objetivo de los neoliberales, es una tarea pendiente para las fuerzas populares.

Debemos reconocer que la fuerza ciega de la ganancia privada mantiene una embestida global que hoy, en Latinoamérica, se concentra contra el Petróleo y los recursos naturales ( lo mismo en México, que en Venezuela, Perú, Bolivia, Ecuador, Argentina y Brasil); es también una ofensiva contra derechos y conquistas sociales que fueron plasmadas en un incipiente Estado de Bienestar, parcial y limitado, pero clave como referente histórico.

El principal error que hemos cometido las fuerzas populares es separar la atención sobre las reformas estructurales, creyendo que así podemos combatirlas mejor, cuando lo que tenemos que hacer es llamar la atención sobre la importancia de combatirlas todas, actuando unificados en un gran Frente Democrático de Masas.

Estemos claros de que el vicioso ataque neoliberal sobre México hoy, es el preludio de una contraofensiva hacia Latinoamérica, que realmente ya está en marcha: van sobre Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil y Cuba, que encabezan la lista de los objetivos imperiales en medio de la peor crisis económica desde aquella de los años treinta del siglo XX.

Por eso tenemos que destacar la importancia de la Unidad Popular de los trabajadores de las Américas, incluyendo destacadamente a los trabajadores de América del Norte. La defensa de los derechos de los migrantes, es hoy una de las claves de la resistencia al neoliberalismo y de la construcción de redes de solidaridad internacional de los trabajadores, venciendo prejuicios racistas y prácticas políticas nefastas como las deportaciones de niños, mujeres y hombres, que han sido desplazados de sus comunidades originarias por efectos de la apertura comercial, las privatizaciones a ultranza y la violencia del crimen organizado o de las bandas paramilitares alentadas desde los Estados.
Tenemos que alertar sobre la nueva clase de migrantes que necesita el imperio, cuando ya se satura de trabajadores sin calificación: necesita a los de estudios más avanzados, los mejor calificados, los jóvenes profesionales que no encuentran ocupación y salarios dignos en nuestras patrias.

Por eso hay que estar conscientes de que es mucho lo que hay que hacer, pero también conscientes de que somos muchos los que hoy ensayamos diferentes caminos para cambiar este estado de cosas. Y que sin olvidar las diferencias, pongamos por delante las coincidencias. Que nadie se desanime, ni se acelere. Simplemente, que ponga su voluntad y su talento para actuar unificados.

Raúl ha insistido en muchos foros sobre la unidad en torno a la defensa del petróleo especialmente el apoyo al referéndum revocatorio de la más reciente reforma energética, en torno a la defensa del agua como derecho humano, ha insistido en que requerimos acciones unitarias en defensa de la educación pública, laica y gratuita, que hace falta la unidad en defensa y mejora de las instituciones de salud pública, unidad en pro de una seguridad social solidaria.

Sobre todo, ha insistido con fuerza en que se requiere unidad para conseguir empleos dignos, salarios deveras remuneradores, jornadas de trabajo más cortas. En distintos foros y con diversos actores, ha destacado que necesitamos unirnos en defensa de los bienes comunales y el territorio de las comunidades indígenas, en defensa de una agricultura productiva y libre de transgénicos. Hoy está consciente de que necesitamos unidad y solidaridad alrededor de los migrantes nacionales, centroamericanos y latinoamericanos, impulsando la reunificación familiar, que debemos exigir que cesen el derroche y la especulación financiera, que se democratice el acceso a los medios de comunicación de masas, atendiendo en especial las peticiones de las comunidades más apartadas. Y sobre todo, Raúl insiste en que requerimos reforzar con los jóvenes, la lucha en contra de la impunidad y el respeto irrestricto al estado de derecho.

Cierro este mensaje a dos voces, diciéndoles a todos que Raúl me insistió emocionado, en que recibía este premio con mucha alegría, pero que recogiendo un pensamiento del escritor Romain Rolland, quería dedicarlo:

“A las almas buenas,
que luchan,
que sufren
y que triunfarán”.
(Romain Rolland, en el Juan Cristóbal).

Discurso en la premiación de Raúl Alvarez Garín, recibiendo el premio Doña Amalia Solórzano de Cárdenas (jueves 10 de Julio de 2014)
Palacio de Minería