En el marco del Foro “Hacia una verdadera reforma educativa” convocado por Por México Hoy, el historiador Adolfo Gilly envió una carta donde analiza la Reforma Educativa como parte de un contexto más amplio de privatización y reestructuración de la República en torno al proyecto del capital financiero internacional. “Se pretende cambiar la estructura misma de la nación mexicana […] Su proyecto es cambiar los contenidos, el sentido, las raíces culturales, históricas e igualitarias de la educación pública y mantenerla en el plano de ‘educación para los pobres'”, indica en la carta que reproducimos a continuación. Además, propone un gran diálogo nacional donde puedan participar todos los involucrados directos en el sistema educativo mexicano.

Su carta fue leída en el Foro el pasado 30 de junio en el Museo de la Ciudad de México, dónde se conversó sobre lo que realmente debería contener una reforma educativa. Entre los asistentes estuvieron: Alejandro Encinas, Senador de la República y de Por México Hoy; Imanol Ordorika, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM; Enrique Calderón Alzati, de Por México Hoy; María de la Luz Arriaga, de la Facultad de Economía de la UNAM y la Alianza Trinacional por la Educación; Hugo Aboites, Rector de la UACM; Roberto Rodríguez, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM; Concepción Torres, del Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República; Cuauhtémoc Cárdenas, presidente de la Fundación para la Democracia e integrante de Por México Hoy; Valeria Hernández Gamundi, de Por México Hoy; Clara Jusidman, de Incide Social y Por México Hoy; Miguel Concha Malo del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria; y Víctor García Zapata, director de la Fundación para la Democracia y parte de Por México Hoy.

Carta de Adolfo Gilly al Foro “Hacia una Verdadera Reforma Educativa”

Me resulta imposible asistir al encuentro sobre la educación nacional y la política educativa del gobierno federal y del capital financiero mexicano, que es una y la misma. Es importante esta reunión por el tema y por los participantes. Sus trabajos seguramente pedirán continuidad, pues el tema no es de coyuntura sino que se trata de la estructura misma de la República y la sociedad mexicanas y es de alcance largo y profundo.

Las reformas estructurales del actual gobierno federal son lo que ese título dice. Se pretende cambiar la estructura misma de la nación mexicana, conformada en la historia larga de estas tierras, por la de un territorio abierto a los intereses, necesidades y proyectos del capital financiero nacional e internacional; ubicar la órbita y la lógica de las finanzas nacionales -como si ellas fueran dueñas del territorio y de la ley de la nación- en la órbita, la lógica y la competencia de las finanzas mundiales, de las cuales las mexicanas forman parte subordinada; y disolver el interés y el futuro de la nación en los objetivos inmediatos y febriles del Gran Dinero.

El despojo al pueblo mexicano y a la nación entera -despojo también de un pedazo de su historia y de su orgullo- que significa la privatización petrolera, emblema y ejemplo de tantas otras en estos años: ferrocarriles, carreteras, empresas públicas, bancos, minas, aguas, subsuelo, es la medida de lo que el gobierno federal y el Gran Dinero se proponen hacer con ese bien inmaterial y sustantivo que es la educación pública republicana.

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Se proponen también dar un paso de gigante, en la legislación y en las conciencias, en la tarea bárbara de abolición del derecho laboral y de sus instituciones y organizaciones en las actividades y el territorio de México.

No se proponen privatizar la educación primaria, en el sentido en que lo hacen con el petróleo y otros bienes materiales. Su proyecto es cambiar los contenidos, el sentido, las raíces culturales, históricas e igualitarias de la educación pública y mantenerla en el plano de “educación para los pobres”, mientras las élites amplían y desarrollan sus propias instituciones educativas; y más adelante subordinar a éstas y a sus fines la educación pública superior.

Apuntan también sobre la UNAM y las Universidades públicas del país, no para privatizar su propiedad sino para poner sus estructuras y, sobre todo, su pensamiento y sus conocimientos al servicio de las ideologías, los fines y los intereses del Gran Dinero.

Así ubican el destino de la educación nacional los actuales gobernantes, descendientes de una larga estirpe de señores que se ha considerado desde siempre propietaria de México.

Todo esto está escrito con claridad en los documentos en que se sustenta y se expone la “reforma educativa”, en los discursos y los modos del Secretario de Educación Pública, en el discurso presidencial que lo respalda y en los métodos represivos y autoritarios que, desde Ayotzinapa hasta Oaxaca, Guerrero, Chiapas y México entero, dicen en qué consiste esta reforma y cómo son tratados normalistas y maestros, cuerpo vivo de la educación universal del pueblo y de su futuro.

Mi propuesta es que de reuniones como esta que hoy se realiza surja la iniciativa de convocar y preparar, en acuerdo con las instancias, instituciones, docentes e investigadores de nuestro sistema educativo que se oponen a las imposiciones del gobierno federal y a sus métodos represivos, una propuesta sencilla y razonada para un Congreso Nacional de Educación, con conferencias y congresos estaduales y regionales previos, para que así sean los protagonistas y responsables concretos de las tareas educativas de la nación y del pueblo mexicano quienes tomen a su cargo, con serenidad y conocimientos, el empeño de discutir, elaborar y proponer los marcos universales, nacionales, culturales y materiales del diseño de educación pública que en este mundo de hoy requiere y exige la República Mexicana.

Este sustento sólido y sereno es requisito para un diálogo verdadero e informado con las instituciones federales y con las mexicanas y los mexicanos; y para obtener un proyecto indispensable de reforma, fortalecimiento y futuro de una educación pública gratuita, actual y eficiente para todos, rasgo irrenunciable de la vida republicana.

Pilón

Louise Michel, heroína de la insurrección de la Comuna de París en 1871, escribió en sus Memorias diez años después: “La tarea de los maestros, esos soldados oscuros de la civilización, es dar al pueblo los medios intelectuales para rebelarse”. Por eso Aurelio Nuño no los quiere y los regaña.

Adolfo Gilly
Ciudad de México, 25 de junio de 2016