En esta segunda sesión del curso “Preguntas para una práctica fronteriza” comenzamos la dinámica de tener a dos invitadas/os para que nos compartan sus ideas en torno a los distintos aspectos de la relación entre la estética y la política, y a partir de ello abrir a la reflexión grupal.

En la primer sesión, donde nos constituimos en asamblea, uno de los temas que más causó fervor fue justamente cómo y desde dónde -en que prácticas- estamos pensando esta relación y nuestra primer invitada Blanca Gutiérrez, doctora en Historia del Arte de la UNAM, acotó esta discusión al exponer una genealogía del término estética desde los griegos hasta su conformación como disciplina en el siglo XVIII y su posterior desarrollo en el arte del siglo XX; y junto con este, desplegando el término de “politicidad” en vez de “política” para entenderla desde su dimensión práctica.

Uno de los puntos clave para ir desmenuzando el tema de la estética fue entenderla como aquello relativo a las sensaciones, y con ello separarla del arte, y por tanto entender que toda actividad humana, incluyendo la politicidad, tiene una dimensión estética. Sin embargo, con la especificidad que conlleva el proyecto moderno, hacia finales del siglo XVIII se entrelazan la disciplina estética y el arte, junto con el nacimiento de los museos, la crítica del arte y con posterioridad la historia del arte. Esto provocó que en el canon occidental se entendiera que la Estética es la que norma el arte, creando los marcos de inteligibilidad para esta y definiendo que es bello y que no.

Con la conformación de este aparato que atrapó el concepto de Estética en las artes, también se entendió que ésta no pertenecía al campo de lo política, es decir, a “la forma en que nos organizamos para ser felices”. A raíz de esta separación conceptual, el arte moderno, las vanguardias y en general las prácticas artísticas en el SXX también comenzaron a poner en cuestión sus propios marcos, y al tiempo, la movilización social y la lucha política en distintos contextos comenzaron a ser conscientes de su dimensión estética.

Así, llegamos a la conversación con Modesto López, productor cultural con un profundo conocimiento de Latino América a partir de su relación con el arte. Su plática llenó de imágenes y momentos históricos el esquema planteado por Blanca. En sus más de 50 años de “militar en la cultura”, como el mismo lo definió, dijo que “el arte y la política nunca han estado separadas” como una forma de posicionarse frente a esta relación.

Modesto tiene una vida de exilio y clandestinidad que siempre ha enlazado a su trabajo como productor, actor, documentalista… A muy temprana edad salió de España con su familia en el contexto de la Guerra Civil y se fue a los barrios populares de Buenos Aires, dónde entendió que lo importante en las practicas artísticas era “cómo hacer que éstas lleguen a quienes debe llegar” y por eso comenzó a especializarse en cómo operar políticamente dentro de la industrial cultural.

Hace 35 años que vive en México, luego de que se exiliara frente a la dictadura militar en Argentina, y desde acá ha ensayado distintas formas de “aprender a mirarse en el otro”. Fue testigo y protagonista de las prácticas culturales contrahegemónicas características de los años 70. En una ocasión fue a España y pudo conocer las estrategias de quienes resistían al franquismo para esquivar la censura. El poeta Marcos Ana, preso político por 23 años, comenzó la campaña “una flor por España” y de ahí surgió la idea de hacer la campaña internacional “Una flor por Nicaragua”. Está arrancó en conversaciones informales con los amigos en la cocina de editorial Pentagrama, el proyecto desde dónde Modesto y su familia han editado más de 800 discos y libros, para apoyar a este país centroamericano y el proceso de paz.

Los amigos, la posibilidad de tener complicidades y afinidades, son un principio clave para hacer política en el arte dice Modesto, “los amigos, incluso los que murieron siguen aquí siempre” dice. Esto abrió la conversación sobre la forma en que los afectos se convierten en trabajos políticos. Esta relación entre las formas de lo sensible y las politicidades es uno de los frentes para entender la relación entre estética y política. Hay una apuesta de fondo para reestructurar la relación entre el deseo y el capitalismo, que está instituida a partir del individualismo y el consumo.

¿Cómo activar políticamente sentimientos como la rabia y la indignación? ¿Cómo convertir en prácticas políticas instituyentes el sentimiento que provoca ver la imagen de Julio César Mondragón, asesinado y desollado del rostro en los hechos de iguala el 26 de septiembre de 2014? Blanca nos dice que éste hecho bien podría ser, a nivel de análisis de la imagen, un punto de llegada luego de 8 años de un régimen de terror en México.

Semblanzas de nuestros invitados

Blanca Gutiérrez Galindo. Obtuvo el grado de doctora en Historia del Arte por Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM con la tesis Joseph Beuys. Arte ampliado y Plástica social (mención honorífica). Obtuvo el grado Maestra en Artes Visuales de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM con la tesis Francisco Toledo. Historia y Naturaleza (Mención honorífica) y el de Licenciada en Filosofía por la Universidad de Guanajuato con la tesis Notas sobre el pensamiento de Herbert Marcuse. También cursó la Maestría en Historia del Arte en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En el 2003 obtuvo el diploma de Estudios Avanzados del Doctorado en Artes Visuales: Producción, gestión y restauración y el título de Especialista Universitario en Artes Visuales de la Universidad Politécnica de Valencia.

Modesto López. Actor, guionista, director de teatro y productor. realiza estudios de teatro en Argentina. Funda en 1981 la compañía discográfica Ediciones Pentagrama, S.A. de C.V. de la que en la actualidad es director general, misma que ha producido más de 800 títulos discográficos, libros y dvd’s en México y América latina. Productor y guionista de diversos documentales, destacando “El tango es una historia”, ganadora del Ariel al mejor documental (1984) y Alí Chumacero “Palabras en reposo”. Gerente en 1980 de la discográfica mexicana “Fotón”, donde produjo alrededor de 15 discos, como “De los niños de Nicaragua al mundo” que contiene entrevistas a los niños combatientes. En Nicaragua entrevista a los protagonistas de la revolución sandinista y participa en la organización y el guión del festival “Abril en Managua”. Fue Coordinador del departamento de cine de la Universidad Nacional de Comahue, República de Argentina (1974). En 1975, funda en Argentina el grupo Siripo de Teatro, Títeres y Música, el cual tuvo dos giras por América Latina. Escritor de diversos artículos sobre teatro y el movimiento cultural latinoamericano. Fue dirigente del Movimiento Lista Blanca, organización conducida por la Asociación Argentina de actores desde 1962.