El 28 de mayo de 2017, el Congreso Nacional Indígena anunció la designación de María de Jesús Patricio Martínez como Vocera del Consejo Indígena de Gobierno que buscará contender por la presidencia del país en las elecciones del 2018.

Se trata de un anuncio histórico y conmovedor porque en momentos tan ásperos como los actuales, abre perspectivas para luchar contra la catástrofe nacional a partir de renovar la politización disruptiva que el zapatismo y las luchas indígenas han aportado a las luchas populares y democráticas de nuestro país, desde hace ya mucho tiempo.

Gran parte de la politización de muchas y muchos en este país se la debemos a los zapatistas. Si bien, buena parte de su lucha ha estado enfocada a los derechos y cultura indígenas, lo cierto es que desde su aparición pública en 1994, enunciaron y significaron un cuestionamiento integral a los códigos autoritarios de la política dominante. Así, han propuesto prácticas políticas no acotadas a lo electoral y en permanente búsqueda de ampliar los marcos de transformación sistémica. Tras años de neoliberalismo y de innumerables ejemplos de mimetización entre las izquierdas y las derechas, esa exploración se vuelve cuestión de vida o muerte.

Han propuesto prácticas políticas no acotadas a lo electoral y en permanente búsqueda de ampliar los marcos de transformación sistémica.

En un ámbito político cooptado por quienes se reparten privilegios y sitios en la geometría política tradicional, se requiere abrir resquicios de irrupción para desestabilizar lo que dentro de la cápsula se percibe como inamovible. La iniciativa de una candidatura que propone mirar la disputa político electoral desde otro lado: acompañar, visibilizar y fortalecer las resistencias comunitarias e identitarias que a diario luchan por la vida y contra el despojo y recuperar sus códigos para contrastarlos con la verticalidad convencional, constituye una exploración más para abrir dichos resquicios. Se trata de encontrar en otras vías una línea de continuidad con lo que siempre se ha venido planteando. Es eso, y no una claudicación o una incongruencia, como quienes se sienten destinatarios naturales de votos populares lo han querido hacer ver.

Se trata de encontrar en otras vías una línea de continuidad con lo que siempre se ha venido planteando

En 2001 una comisión de estudiantes de la Universidad Autónoma Metropolitana nos reunimos con el Sub Comandante Marcos para invitarlo a realizar un evento de la Marcha del Color de la Tierra en nuestra Universidad. Me tocó a mi enunciar la invitación. Por nerviosismo argumenté que “por prudencia” los invitábamos solo a uno de los tres campus que en ese entonces tenía la UAM. Marcos interrumpió y dijo: “Si fuera por prudencia no haríamos nada. Vamos mañana a las tres Unidades”. Salimos de ahí a las 9 de la noche, con el desafío a cuestas y menos de 12 horas de madrugada para organizar lo que al final fue una gran jornada: http://bit.ly/2rdY6RJ

Contra la prudencia y a favor de la imaginación, incluso en los peores momentos

Así ha sido: cada una de las iniciativas de lucha política nacional por parte de los zapatistas ha significado un posicionamiento contra la prudencia y a favor de la imaginación, incluso en los peores momentos. Han sido irrupciones capaces de movilizar las subjetividades y desafiar los cálculos tradicionales. Todas han implicado repensar nociones y panoramas aparentemente predeterminados. Esta apenas comienza y seguro que no será la excepción.

Sobre el autor

Politólogo UAMX. Latinoamericanista UNAM. Fundación para la Democracia. PorMxHoy.

El texto fue publicado originalmente en Tercera Vía.