Sábado 26 de abril, 11 am. De los Pinos a Televisa Chapultepec

La Iniciativa de Ley Secundaria de Telecomunicaciones y radiodifusión, presentada por Enrique Peña Nieto el pasado 2 de abril representa numerosos riesgos para la democracia mexicana. Esto porque, a grandes rasgos, este marco regulatorio tiende hacia: la violación de ciertas disposiciones constitucionales; la reducción o contradicción de la reforma constitucional en esta materia; dejar intacto al duopolio televisivo; privilegiar los derechos de los concesionarios por encima de los de las audiencias; incrementar las facultades de la SEGOB (una rama del poder Ejecutivo) en la regulación de contenidos a costa de las del IFETEL (un organismo autónomo); debilitar el sector público, comunitario y la producción de contenidos culturales independientes; y, sentar las bases para la censura y el control de las ideas.

No se trata sólo del inmenso poder económico concentrado en unas cuántas empresas de telecomunicaciones y radiodifusión, que permanecería muy similar a como ha estado hasta ahora. Lo que está en juego no es sólo la competitividad en un sector más de la economía, ni siquiera el restablecimiento de una relación privilegiada entre los medios de comunicación y el partido en el poder, dominada por la obediencia y los favores mutuos, a costa de la sociedad. Nada de esto sería nuevo, pero sería formalizado por la legislación. Lo que sí sería nuevo y contrario a las conquistas de la transición, es la tendencia hacia el control de contenidos y de los espacios de expresiones independientes y autónomas (desde celulares hasta páginas de internet y estaciones de radio). En el fondo, lo que está en juego con esta ley es el predominio de unos cuantos sobre el discurso público a costa de la pluralidad de opiniones. También está en juego el monopolio de la producción cultural de mala calidad y su imposición sobre la mayoría de las audiencias, es la formación a conveniencia del sentido común. Lo que está en juego es el control de las ideas y la anulación de un debate político real en la esfera pública a través del cierre de espacios a la crítica y la censura de voces incómodas.

Sabemos que aún si es aprobada la ley propuesta por el Ejecutivo en el Congreso, las mentes críticas y la diversidad de ideas no dejarán de existir y encontrarán medios de expresión autónomos, alternativos, rebeldes y no convencionales. Ninguna ley logrará evitar u homologar el pensamiento, tampoco el silencio. Lo que está en juego son máximas fundamentales como la libertad de expresión, de manifestación, de asociación y el derecho a la información y la privacidad. Estos derechos nos pertenecen y hay que defenderlos.

Hay que reconocerlo, las divisiones y tensiones entre los diversos actores progresistas y democráticos ha impedido fortalecer una oposición que luche en las mejores condiciones posibles contra las reformas estructurales. Es urgente, por lo tanto, comenzar a reconstruir la capacidad de dialogo entre todas las fuerzas progresistas y democráticas del país.

Es urgente activar todas las formas de luchas de manera solidaria, horizontal y sin imposiciones: llevemos a cabo la discusión legislativa para argumentar, denunciar y proponer; hagamos ver en las instancias internacional la regresión que significa la reforma secundaria en materia de telecomunicaciones y radiodifusión y el desaseo del proceso legislativo para aprobarla; ocupemos espacios en la prensa y en los medios electrónicos en donde sea posible desplegar nuestros argumentos; incidamos en foros académicos y universitarios para abrir un amplio debate sobre una verdadera comunicación democrática; salgamos a la calle de manera pacífica e imaginativa para ejercer la protesta social como legitima forma de expresión, información y articulación de la sociedad; organicemos brigadas de a pie y activemos todos los dispositivos a nuestro alcance mediante redes sociales, medios alternativos y radio comunitarias para dar a conocer y fortalecer nuestra lucha por todo el país. Valoremos, finalmente, la posibilidad de que tal como haremos con la reforma energética, llevemos este tema a una consulta popular amparada en la constitución.

La Cadena Humana por la Comunicación Democrática es una oportunidad para comenzar a construir la articulación necesaria para defendernos de la censura y para revertir otras legislaciones regresivas como la energética y la educativa. Por sí misma, no sólo simboliza sino implica la unidad desde la diversidad y la igualdad. Participar en ella no implica responder a un membrete o algún liderazgo, no implica borrar las diferencias. Es una protesta que toma las calles de manera pacífica y festiva, que hará al poder medir los costos de aprobar una legislación regresiva y es, también, una oportunidad para encontrarnos y volver a dialogar. Mano a mano, eslabón por eslabón, construyamos un camino que nos lleve a crear medios donde quepan todas las voces y una democracia donde confluyan ideas plurales.


¡Que no nos callen!
Cadena Humana por la Comunicación Democrática

De los Pinos a Televisa Chapultepec
Sábado 26 de abril, 11 am.