• Sesión 5. Agenciamiento de la subjetividad I. Violencia, memoria y víctimas. La autorepresentación reivindicativa frente a la violencia y el movimiento de víctimas.

Texto: Mauricio Patrón Rivera / Fotos: Rodrigo Suárez

Cuando Ileana Diéguez* inicia su participación, llevamos cerca de dos horas escuchando el testimonio y análisis, la claridad sobre la situación de inhumanidad que se vive en México por parte de Araceli Rodríguez** y Juan Carlos Trujillo***, ambos con familiares desaparecidos; ella, a su hijo Luis Ángel; él, a cuatro de sus hermanos. Se conocieron en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad en el 2011 aunque sus historias de lucha se remontan a caminos solitarios de años atrás.

Han pasado de la parálisis de la desaparición forzada, a confiar en las autoridades, para luego darse cuenta que el gobierno está ahí “para administrar el dolor de nosotros”, como le dijo Juan Carlos a la procuradora General de la República, Arely Gómez, y de ahí a tomar las palas y las barillas, hacerse investigadores, recibir amenazas de muerte, ver como despiden o desaparecen a los funcionarios públicos que les ayudaban, hacerse expertos en derecho, a ser defensores de derechos humanos, acompañar a muchos otros familiares e incluso hacer las veces de antropólogos forenses.

Jesús Salvador y Raúl, los hermanos de Juan Carlos e hijos de María Herrera, desaparecieron en Guerrero cuando vendían oro, se dedicaban a la joyería. Después de quedarse sin recursos en la búsqueda, en 2010, sus otros hermanos, Gustavo y Luis Armando, volvieron al negocio. Ambos fueron detenidos en un retén militar y desaparecieron en Poza Rica, Veracruz. Ahí mismo se dirigió Juan Carlos con la intención de localizar a los secuestradores e intentar negociar, incluso se hizo pasar por consumidor de drogas, para tener más información, pero no funcionó.

Ileana escucha atenta, cree que hay que replicar este tipo de encuentros. “En este momento los libros son ustedes” dice sabiendo que no hay muchas fuentes más para entender el horror de las necropolíticas en el país. Debemos comenzar por la empatía y no por la razón.

En su libro Cuerpos sin duelo reitera que “Ninguna palabra, ninguna obra de arte puede remediar la pérdida de un ser querido. Cuando hay ausencia de justicia no hay restitución ni consuelo”. y nos dice: “si alguna posibilidad hay en el arte es su capacidad para hacer visible”.

En las prácticas artísticas, continua, “la metáfora, la alegoría, son figuras, no se trabaja con la realidad sino con el espacio de lo simbólico” y yo pienso que en entender esta limitante es donde puede adquirir su mayor potencia. “La imagen es un instrumento de conocimiento”, el arte se vuelve clave para ensayar “¿Cómo pensar el drama del otro en mi propio cuerpo?”

“México se divide en muchos mundos, yo estaba en otro imaginario […] El sistema nos mantiene pendejos, estamos tan limitados que solo tenemos espacio para sobrevivir y no para indignarnos, aunque me gustaría decir que somos un país indignado”, dice Juan Carlos y me recuerda a Debord cuando dice que todo poder espectacular es un poder separado, que fragmenta y convierte la realidad en un show.

Por eso “necesitamos hacer una red que pueda vincular el dolor por los desaparecidos […] la única forma de cambiar al pueblo es con el pueblo. No hacen falta ni líderes, ni mártires, ni héroes, solo gente que quiera cambiar este país”, dice Juan Carlos con conocimiento de causa.

Acá, la verdad, la justicia y la restitución no son exigencias que vayamos a obtener juntas, reflexiona. “¿Yo voy a encontrar justicia para mis hermanos en las marchas, los expedientes, los diálogos?” Su pregunta es retórica porque hace tiempo que comenzó a hacer caravanas a distintos estados del país, a organizar a los familiares y organizaciones de víctimas en la Red de Enlaces Nacionales y recientemente en la Brigada Nacional de Búsqueda de desaparecidos.

Araceli nos dice que tomar acción directa e ir a las fosas clandestinas inició con los papas de los 43 normalistas de Ayotzinapa, que dirigieron búsquedas en el basurero de Cocula. Ahora se han extendido a Nuevo León, Sinaloa, Veracruz, y ella misma en Michoacán.

Tenemos una “delincuencia autorizada” reflexiona, “vas de ventanilla en ventanilla llenando de lágrimas a la autoridad explicando tu caso y luego les ves en las noticias porque fueron detenidos por ser parte de un cartel”, por eso ella también comenzó a hacer barillado, llevar pico, pala, coladores de tierra y bolsas de plástico para resguardar restos humanos.

De hecho, lleva consigo un bote con tierra del cerro de la coyota en Zitácuaro, Michoacán, donde es probable que haya restos de su hijo Luis Ángel. Mientas ella estaba ahí, en Michoacán, la Brigada Nacional comenzó sus rastreos en Amatlan de los Reyes, el mismo municipio donde las patronas ayudan a los migrantes, en Veracruz. “Todo el país es una fosa clandestina”, nos dice mientras la Brigada se alista para ir a la fosa clandestina de Tetelcingo en el municipio de Cuautla en Morelos. Ahí incluso las autoridades han criminalizado a una madre por alterar la zona.

“Hay que desenterra la mentira para enterrar la verdad”, coinciden Juan Carlos e Ileana quien recuerda y modifica el título de un libro de Walter Benjamin Desenterrar [y enterrar] para Recordar.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Dice en Elegía el poeta de la guerra civil española, Miguel Hernández, como un ejemplo de como el pathos puede ser el camino más potente para la creación de empatía, para regresarle el valor de la urgencia a los cuerpos que se nos fugan.

Ileana nos muestra una acción colectiva Quiero minar la tierra hasta encontrarte ideada por la artista uruguaya Tamara Cubas, que trabaja desde la experiencia suya y de su familia durante la dictadura en su país, pero pensando también como trasladar esa experticia en nuestro contexto, en relación a Ayotzinapa. En el centro de una galería se dibuja en el piso el mapa de México y con herramientas de labrado comienza a ser destruido el azulejo, como queriendo desenterrar las imágenes de la ausencia y, al tiempo, haciendo visibles los pedazos de que está hecho el país.

El trabajo de Tamara no busca sustituir a la verdad, o a la justicia, solo hacer más asequible su ausencia, como queriendo apostar en contra de las tristes palabras de Juan Carlos: “Aquí no hay a quien le duela el dolor de los demás”. Esas palabras que “se vuelven apabullantes cuando adquieren la dimensión de una sentencia”, piensa en voz alta Ileana.

Esa sentencia que, aunque ineludible, con Tamara también vemos como “la solidaridad es un gesto que ayuda para respirar”. Ante el dolor de los demás, nuestra impotencia bien podría hacerse terreno fértil para hacer comunidad. En otra de sus acciones, Cubas pide a su familia en Uruguay Bordados desde el sur, emulando a los bordado por la paz, y estos le envían la carta Llanto por la muerte de Nadia Vera y Rubén Espinoza, entre otras, que terminó de ser bordada en la Ciudad de México, dando visibilidad a esa rabia.

Otro caso ejemplar es Huellas de la memoria de Alfredo López Casanova y familiares de desaparecidos, montada ahora en el Museo de la Memoria Indómita, y donde participan Araceli y Juan Carlos. La exposición reúne los zapatos de varias decenas de familiares, cuyo desgaste da cuenta de la lucha incansable en la búsqueda de los desaparecidos. “Mis botitas caravaneras” dice Ara con cariño. En una suela lleva grabada la historia de su hijo, en otra la de ella. En cambio, para Juan Carlos “estos zapatos son ignorantes, porque me los gasté yendo de oficina en oficina, no como ahora, buscando”.

¿Entonces para que sirve el arte? Le preguntan a Araceli. Ella reflexiona un momento y recuerda que una vez, durante la caravana por Estados Unidos, Laura Valencia le propuso a varios familiares de desaparecidos que escribieran una carta a ellos y ellas como si estuvieran ahí, y Ara le decía ‘que sí, que luego’. No quería, para no tener que resolver en su cabeza lo que tampoco sabía en la realidad, si Luis Ángel esta vivo o no.

En otro momento, durante un careo con uno de sus probables asesinos, Araceli notó que el hombre, más pequeño que ella, estaba muy golpeado y a la pregunta de “¿qué le hicieron a mi hijo?” le contestó que le dolía mucho la cabeza. Ella imaginaba este momento una y otra vez, tener a los responsables en frente para cobrar venganza, pero estando ahí en el mismo cuarto, viendo la precariedad del sospechoso, pidió una botella de agua, tomó una pastilla para el dolor que traía para ella en su bolsa y se la metió en la boca al joven. En ese momento recuerda que se sintió liberada, que regresó a la vida. Él le dijo que dejara de buscarlo vivo, que a su hijo lo habían asesinado. Termina su relato, se repite la pregunta y dice que “para mi el arte es una forma de hacer presente a Luis Ángel”.

Sumar a la visibilidad de esta realidad es clave. “Ya somos parte de la historia, por lo que nos pasó” piensa Juan Carlos, “ahora toca hacer la historia y para eso hay que provocar la coyuntura, no esperar a que nos llegue […] a mi me gustaría que se hiciera memoria de como fue que encontramos a mis hermanos, y al hijo de Araceli”.

*Ileana Diéguez Caballero. Profesora investigadora en el Departamento de Humanidades de la UAM-Cuajimalpa. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel II. Doctora en Letras (2006) con estancia posdoctoral en Historia del Arte, UNAM. Trabaja sobre problemáticas del arte, la memoria, la violencia, el duelo, y las teatralidades y performatividades expandidas y sociales. Es curadora independiente de exposiciones visuales, así como autora de diversos libros, entre ellos Cuerpos sin duelo. Iconografías y teatralidades del dolor.

**Araceli Rodríguez. Defensora de Derechos Humanos y madre de Luis Ángel León Rodríguez, policía federal desaparecido junto con seis policías federales más y un civil el 16 de noviembre de 2009 en Zitácuaro, Michoacán. Ante la desaparición de Luis Ángel, Araceli pasó de recepcionista a activista y sujeto de cambio. Integrante del MPJD, de la Red de Enlaces Nacionales, del Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México y de La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de Derechos Humanos.
Ha participado en los diálogos por La Paz ante el Ejecutivo como acompañante de víctimas en su proceso, en las caravanas Nacionales e Internacionales y en la Ley General de Víctimas. Hoy en día es representante del Colectivo Colibrí y participa en la legislación de la Ley General de desaparición forzada y desaparición por particulares.

***Juan Carlos Trujillo. Forma parte de la organización “Familiares en Búsqueda María Herrera” y del Movimiento por la Paz, de la Red de Enlaces Nacionales, que suma a por lo menos 40 colectivos en los que están integradas más de 2 mil familias, y de la primera Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas ahora en Veracruz.