Activistas, académicos, artistas y miembros de organizaciones sociales y políticas se dieron cita ayer en la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles de Coyoacán para participar en el Diálogo sobre las luchas, las articulaciones y el rescate a la nación, organizado por la Fundación para a Democracia – Alternativa y Debate – a.c.

A partir de las intervenciones de Alberto Solís Castro, Director de Serapaz, Mario Arriagada de la corriente de opinión Democracia Deliberada, Romeo Cartagena de Jovenes ante la emergencia y el desastre nacional, Sebastián Ramírez de Morena, Sandra Patargo de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y del Colectivo Más de 131 de la Universidad Iberoamericana y de Raúl Romero del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, los asistentes debatieron en torno a sus interpretaciones y perspectivas de la crisis provocada por la represión contra los normalistas de Ayotzinapa sucedida el pasado 26 de septiembre, pero también por la aprobación de las reformas estructurales de corte neoliberal, y por eventos de represión y criminalización de la protesta social. Entre los participantes en el debate estuvieron: Adolfo Gilly, Dolores González, Cuauhtémoc Cárdenas, Félix Hernández Gamundi, Carlos Lavore, entre muchos otros.

En general, hubo coincidencia en que los sucesos de Ayotzinapa, caracterizados por Adolfo Gilly como crimen de Estado y de Lesa humanidad, ponen al descubierto una crisis múltiple de dimensiones estructurales que cuestiona la legitimidad del aparato estatal mismo, de sus instituciones, del ejercicio de gobierno y de los partidos como plataformas de representación política de las conflictividades sociales. Todo ello supone un gran desafío en la construcción de alternativas de nación.

Lo sucedido con los 43 normalistas en Iguala, es un suceso trágico ligado a una ola de tragedias impunes a lo largo de todo el país. Pero sus raíces son estructurales. La violencia está anclada en la falta de oportunidades, en la falta de desarrollo y crecimiento económico, en la desigualdad, la impunidad y la injusticia. Es resultado, también de una estrategia ineficaz de combate al crimen organizado. Ayotzinapa también se inscribe en las lógicas del capitalismo del siglo XXI y del modelo de desarrollo imperante.

La indignación y las movilizaciones que se han desarrollado en los últimos meses aluden a un “despertar” de la sociedad e indican posibilidades de acción y de cambio.

En oposición a un panorama de destrucción y depredación de la vida humana, Ayotzinapa ha irrumpido en la política nacional para volver a colocar lo humano y la dignidad en el centro. Hasta ahora la demanda, en voz de los padres y madres y acompañada principalmente por jóvenes y estudiantes en las calles, es la presentación con vida y la justicia por los desaparecidos. La mayoría de los participantes coincidieron en la necesidad de no dejar caer las movilizaciones e ir planteando perspectivas y plataformas de lucha democrática que desemboque en la solución estructural del problema.

Luego de debatir el diagnóstico de la crisis multidimensional actual en México, se plantearon también algunas ideas de perspectivas estratégicas, programáticas y organizativas para salir de ella. Algunos plantearon la necesidad de reestructurar o rediseñar el Estado, la República o el pacto social mediante una nueva constituyente.

También se mencionó la pertinencia de impulsar organizaciones políticas de deliberación, formación y participación en aras de fomentar la representatividad política. En el debate también estuvieron presentes las posturas que apelan por el desarrollo y fortalecimiento de las autonomías, así como quienes insistieron en renovar completamente la vida pública del país con la consigna: “Que se vayan todos”.

Más allá de impulsar una u otra propuesta, la situación actual, consideraron, abre oportunidades para el diálogo, el encuentro, la reflexión e incluso el llamado a imaginar nuevas formas de entender la democracia, el Estado, la institucionalidad y la política. En cuanto a lo organizativo, se habló de la necesidad de articular luchas o, en
todo caso, de construir agendas mínimas a partir de las demandas comunes respetando la pluralidad de posturas y formas de lucha. En cualquier caso, lo que es necesario es ahondar y continuar la reflexión sobre las alternativas frente a la crisis nacional.