Carlos Lavore

La lucha por una patria de iguales, con justicia, libertad y soberanía es la lucha por el territorio y por la vida digna de las personas que lo habitan.

Agua, aire, bosques, suelo, subsuelo, mares, todo es mercancía destinada a circular libremente en el mercado global, no importa el costo social, los derechos humanos y los derechos de la naturaleza. No importa la soberanía.

Los recursos naturales del país, como de América Latina y el mundo no desarrollado, son sometidos a una depredación salvaje, y no importa la biodiversidad, el medio ambiente y el cambio climático. No importan las personas. El extractivismo se despliega por igual en la sierra, el campo, los cuerpos de agua y la ciudad, abonando las causas de la muerte.

El poder instituido disfraza a la muerte de progreso y desarrollo y vocifera fantásticas letanías de logros para los que no tienen oídos, y muestra imágenes paradisíacas para quienes no saben ver. Estamos mal, pero vamos bien, es el mensaje. La corte mediática aplaude y reproduce una realidad virtual, que seduce a muchos.

Y los que no son seducidos -porque ven, escuchan y sienten a la realidad verdadera-, ofrecen el cuerpo y el alma en defensa de la vida. En la sierra, el campo, las costas y la ciudad.

Aquí estamos, pensemos juntos a partir de lo que sabemos. Menciono tres:

1. Sabemos lo que pasa. Un poder político, económico y mediático que impone un modelo asentado en la explotación de los recursos naturales y de la mano de obra, y para hacerlo facilita a las grandes empresas transnacionales y al capital financiero las condiciones legales y materiales que necesitan.
La tercera parte del territorio nacional está concesionado y las ciudades están entregadas al capital inmobiliario financiero. Eso es cesión de soberanía, a la que se suman dependencia y colonización.

2. Sabemos las consecuencias. Tierra devastada y yerma donde actúa la minería a cielo abierto. Agua contaminada por minería e hidrocarburos. Destrucción de afluentes naturales y paisajes. Inundación de cañadas, con destrucción de flora y desplazamiento de fauna y seres humanos. Sobreexplotación de mantos acuíferos.
Erosión de suelos. Deforestación. Agotamiento de la tierra. Contaminación por agroquímicos. Plomo en la sangre de los niños. Destrucción del medio ambiente. Cambio climático.
Sabemos las consecuencias. Alteración de relaciones sociales y culturales, ruptura de solidaridades, fragmentación y desplazamiento de comunidades y pueblos. Expulsión, criminalización, represión, asesinato. Militarización.
Manipulación de leyes. Compra de voluntades. Engaño y mentira. Imposición. Ocultamiento mediático. Pobreza, bajos salarios y desempleo. Las consecuencias se resumen en despojo, violencia, corrupción e impunidad, flagelos históricos exacerbados en esta etapa neoliberal.

3 Sabemos las resistencias. Donde hay un atropello hay una resistencia, una organización y un conflicto, con el gobierno y las empresas. Se trate de minería a cielo abierto, fractura hidráulica, explotación petrolera, hidroeléctricas, energía eólica, explotación forestal, monocultivos con transgénicos y agrotóxicos, biocombustibles, manejo del agua, zonas económicas especiales, megaproyectos, turismo y desarrollos inmobiliarios. No hay actividad extractiva que no cuente con denuncia y resistencia.
Sabemos las resistencias en la sierra, en el campo y en la ciudad. Desde muy lejos en el tiempo o desde muy cerca, se eslabonan notables ejemplos de resistencia y proposición. Sin que la mención de unos signifique el olvido de otros, allí están Tosepan, Cherán, San Miguel del Progreso, Atenco, Zacualpan, las Tribus Yaquis, que resisten en distinta forma. De otras nos contarán hoy, aquí y hay muchas más.
Allí están las organizaciones en defensa de los derechos humanos y civiles y, también, las que trabajaron para que la Ciudad de México tenga una Constitución muy distinta a la que imaginó el poder dominante y que será fundamental para poner control al extractivismo urbano. Y allí están las mil maneras gestadas después del desastre de septiembre.

Aquí estamos, ¿qué nos falta? Retomo tres puntos enunciados por Cuauhtémoc Cárdenas:

1. Ampliar la visibilización. Muchos otros tienen que conocer y estar informados de lo que está pasando. Conocer y entender. Romper con la dinámica de ocultamiento en que incurren gobierno, partidos y medios de comunicación. Poner de relieve la contradicción entre el discurso del combate al cambio climático y la realidad de un extractivismo que contribuye a él (Peña Nieto y las concesiones, Trudeau y las mineras). Evidenciar la entrega de la patria.

Este foro pretende contribuir a poner el tema ante la opinión pública. Debemos hacer otros, nuevas campañas en defensa de la tierra y apelar a todas nuestras capacidades comunicativas para informar.

2. Articular las resistencias. En la sierra, el campo, las costas y la ciudad, es necesaria una actuación conjunta. Los que resisten en el territorio, las organizaciones que agrupan a los resistentes, las organizaciones sociales y las políticas, los investigadores, las instituciones académicas, los trabajadores organizados, las voces que se escuchan, autoridades y legisladores sensibles o en campaña (aunque sean pocos), las redes sociales. Potenciar la capacidad de acción.

El problema de los recursos naturales y la recuperación del territorio, debe ser transversal a todas las luchas. Está en juego la nación.

3. Elaborar un programa común, para ser impulsado en todos los espacios. De los foros extrajimos: Los recursos naturales deben aprovecharse en beneficio de la población, bajo control del Estado, con planeación integral y participación de pueblos y comunidades en todas las fases. Deben revertirse las reformas constitucionales y modificarse las leyes correspondientes (de minería, hidrocarburos, equilibrio ecológico y protección al ambiente, aguas nacionales, agricultura, bienes nacionales, inversión extranjera, y de asentamientos humanos, ordenamiento territorial y desarrollo urbano).

Deben eliminarse las disposiciones que privilegian al extractivismo sobre el interés de comunidades y sociedad y sustituir los mecanismos de consulta simulada por los de participación social y comunitaria en la elaboración de planes de desarrollo, de ordenamiento territorial y ambiental y de grandes proyectos, en los distintos órdenes de gobierno.

Deben congelarse las concesiones otorgadas para someterlas a revisión y suspender el otorgamiento de nuevas concesiones hasta la modificación de las normas constitucionales y secundarias.

Promover la creación de empresas públicas gestionadas con participación de sus trabajadores y apoyar a los emprendimientos cooperativos, autogestivos y comunitarios existentes.

Se trata de modificar institucionalmente nuestra relación con la naturaleza y la forma de aprovechar los recursos, a partir de un modelo alternativo de desarrollo solidario, incluyente y sostenible.

Son puntos de partida para un programa recogidos en los foros, y ¿para qué sirve todo eso? ¿cómo lo utilizamos? A modo de ejemplo:

Tú quieres ser diputada y me pides el voto. Esta es nuestra agenda y una de las cuestiones es que necesitamos que se modifiquen varias leyes que afectan a los recursos naturales (dos o tres, no menos, como quince). Toma el compromiso de impulsar esas modificaciones, en público y con firma, y tendrás nuestro voto con la aclaración de que vamos a exigir cumplimiento.

Tú quieres ser alcalde de nuestro municipio y promueves que te votemos. Una vez elegido, la primera medida será convocar a vecinos, pueblos y comunidades a elaborar el plan de ordenamiento territorial, desarrollo urbano y protección ambiental que, entre otras cosas, defina el uso del suelo. Te daremos los votos si firmas el compromiso públicamente y reconoces nuestro derecho a exigir que se cumpla.

Tú quieres ser presidente. Aquí está nuestra plataforma programática. Entre todos los temas es urgente revertir la reforma del Art. 27 de 1992 que incorpora el suelo de propiedad social al mercado libre y la energética de 2013, así como las leyes correspondientes. Asume públicamente el programa con los cambios solicitados y te apoyamos.

Y una cuestión más: creemos que es de vital importancia para el país y su pueblo que se convoque a un Congreso Constituyente Ciudadano para discutir y elaborar una Nueva Constitución que contenga el proyecto de un México para todos, igualitario, independiente y soberano. Para ello necesitamos construir una mayoría que lo impulse.

Estoy seguro que al final de este foro tendremos muchas propuestas para integrar en un programa común que podamos impulsar desde este espacio y desde la trinchera de cada quien. Gracias.