En la mundialización de la producción y la circulación de mercancías y, más y más, del trabajo humano asalariado en estas primeras décadas del siglo, estamos ante una nueva época de las relaciones en las sociedades humanas y entre éstas y la naturaleza, condición primera de su existencia. No se trata sólo de una política: modernización, neoliberalismo o como se la llame según su forma aparente en el reino de las relaciones políticas. Tampoco se trata de un asalto de la especulación o de una “fracción especulativa” del capital global. Es, en cambio, la forma adoptada por el capital, en tanto relación social, en su expansión sin barreras sobre ilimitados territorios naturales y humanos, según el violento proceso multisecular de su mundialización.  

Adolfo Gilly Tiempo del despojo

 

 

@JorgeGarrikLina

La política de la supervivencia

Para el antropólogo Marc Abélès (2008), el trayecto prometido por la razón: el progreso, es ahora incertidumbre: un laberinto de sombras. La sociedad frente a la crisis ha perdido su confianza en el Estado como colector de expectativas y coproductor de posibilidades. El filósofo Eduardo Subirats (2009) refuerza esta idea: “En la época en que nadie cree en el progreso, la incertidumbre por el provenir tampoco puede aplacar el sufrimiento del presente. El mañana mejor se convierte en una falacia”.

Los contextos de la política como supervivencia se vinculan estrechamente con ciertos aspectos que forman parte del contexto que advierte un cambio de época, pero que también son contingencias que enfrentan los movimientos sociales en México:

-La agudización de la llamada “revolución científico-técnica” que conforma una nueva composición tecnológica del proceso de trabajo y de la relación capital-trabajo en el punto de producción, como dice el profesor Gilly:

ese lugar preciso donde entran en contacto el ser humano y la tecnología; o, en otras palabras, el trabajo vivo, el ser humano, y el trabajo objetivado, las máquinas. El resultado es un acelerado ritmo de crecimiento del plustrabajo o trabajo excedente apropiado por el capital – o, en términos de Marx, una ampliación gigantesca de la plusvalía relativa, de la acumulación de capital y de riqueza, y una aceleración del proceso de subordinación de los mundos de la vida al capital(Idem).

-Nuevas modalidades de control  social: a través de contenidos sobre el régimen laboral, pero también en la subjetividad y sus formas de representación en ciclos dinámicos fragmentarios a nivel simbólico y material que desembocan en sistemas de consumo y del sistema protuctivo que configuran los regímenes laborales inestables y precarios, y la definición unívoca de lx ciudadanxs como consumidores.

-el control político en su modalidad policiaca y militarizada  legal e ilegal como estrategia autoritaria del Estado (Sergio Tamayo, 2015), mediante una tecnología cada vez más sofisticada y global de la represión contra los movimientos sociales, y algunas modalidades de control asistencial y clientelar, institucional y de democracia electoral como simulacro. 

-Los procesos de estructuración de capital en el ámbito rural vía el despojo de los recursos naturales y los territorios de amplios sectores (acumulación por despojo), y la criminalización de las resistencias. En el ámbito urbano, la consolidación de los megaproyectos urbanos tendientes a la privatización del espacio público y el condicionamiento ciudadano al ámbito del consumo de bienes y servicios y siulacros electorales. El embate mediático y la criminalización a movimientos urbanos.

-La dramática ruptura del vínculo mando-obediencia a partir de las desapariciones recientes de Ayotzinapa, “el desplome de la gobernabilidad y de la relación institucional entre el Estado y la ciudadanía”. Una expresión nítida de crisis política del régimen.

-Los procesos estructurales: la dominación Financiera Global capaz de vulnerar los sistemas sociales y las instituciones políticas del Estado, generando dinámicas de reproducción del capital financiero y la transformación de la vida/cultura en mercancía, y el asalto a las instituciones públicas para transformar su sentido radicalmente.

-Las coyunturas de movilización urgentes

Construir alternativas de acción, es casi imposible, la participación política casi está condenada a experimentar varias frustraciones antes de comprender cabalmente la complejidad estructural y el día a día de la imposición, mientras se cae en un pavoroso vértigo ante la aceleración de las coyunturas políticas de la urgencia: presos políticos, desapariciones forzadas, procesos de desinstitucionalización, crímenes de estado, masacres, genocidios, despojos, vulneración de derechos. En términos generales, la reducción de la política a formas de lucha en clave de supervivencia.

– Con toda su complejidad, la globalización y la dinámica del capital financiero global son caracterizados como contingencias históricas de dimensiones no antes vistas que hacen estragos en todos los márgenes de la realidad, y desbaratan las posibilidades políticas antes asociadas al bienestar y su sentido redistributivo, de luchas y logros propositivos a las que aspiraba la sociedad moderna de la segunda Mitad del Siglo XX.  En este marco, la institucionalidad de lo político: partidos e instituciones, se vuelven los receptores de la indignación, acumulando reclamos por las injusticias y la precarización de la vida, siendo instrumentales al poder financiero.

Preguntas ante la insuficiencia y la indignación

En realidades como la mexicana, tan brutal y contundente en muchos sentidos con las desapariciones forzadas, los feminicidios, los presos políticos, la impunidad y la corrupción, así como el resquebrajamiento entre un amplio margen de la sociedad con el sistema de partidos,  siguen siendo insuficientes los elementos para situarnos con suficiencia en el diagnóstico de la crisis y en la construcción de alternativas para transformar la realidad mediante otras opciones políticas.

Desde aquí es necesario preguntarnos ¿cuál es el papel del conocimiento y la acción política para transformar nuestras realidades? ¿desde dónde imaginar las alternativas para un mejor entendimiento de la realidad y una acción política a la altura de las circunstancias?

Advertir el cambio de época

En el caso mexicano, el estimado profesor Adolfo Gilly (2015), nos advierte sobre el cuidado que hay que tener al pensar en el cambio político, y la generación de alternativas políticas generales. Es prioritario, antes, luchar por la justicia y memoria de tantos muertos y desaparecidos en el país, y luchar por verdad social de los despojos y atropellos que están sufriendo todos los días diferentes grupo de mexicanos.  Concuerdo con el profesor Gilly, el cambio tiene que venir con esos procesos de lucha por la verdad y la justicia, y al mismo tiempo, advertir la necesidad de una mirada compleja ante los procesos críticos que nos marcan un cambio de época. Pero esto no resulta suficiente, es necesario construir paralelamente en diferentes dimensiones alternativas de lucha y propuestas.

La mirada encarnada y multidimensional

Respecto al dignóstico de la crisis, desde un renovado ejercicio del pensamiento critico, se vuelve necesario recuperar una mirada compleja entre lo social, lo económico, lo político, lo informacional, o simbólico y las condiciones de producción, circulación y modelos de consumo de bienes y servicios. La situación de la relación social histórica con los bienes naturales y las formas de participación política, no se resuleven sólo desde el detalle quirúrgico de los hisperespecialistas académicos, y la voluntariosa y abarrotada agenda de los movimientos sociales, sino desde conocimientos integrados a partir de los puentes que podamos crear entre movilización y conocimiento,, y con una perspectiva amplia de participación, superando las brechas comunicativas con los amplios sectores. Una pedagogía popular de la transformación política y el conocimiento, combinada con las nuevas tecnologías de comunicación y novedosos procesos de visualidad y contenido.

Alternativas en el imaginario de los movimientos sociales

Resulta evidente que los escenarios actuales de la política obligan a pensar alternativas desde miradas que adviertan desde el diagnóstico la complejidad de las problemáticas de la vida democrática. En términos políticos, es urgente pensar la construcción de alternativas en la relación capital-trabajo, pero también en lo simbólico sobre los intercambios y la vinculación con el territorio y los recursos naturales, las formas diversas y fragmentarias de lo político; en cuanto a imaginar que la batalla política también está al nivel de la disputa por la consciencia. (nuestras culturas/consciencias están secuestradas y eso lo debemos reconocer en el actuar político y en los enfoques diversos de las ciencia sociales).

Es necesario recuperar consideraciones sobre la institucionalidad, el Estado y su papel en las funciones reguladoras para garantizar la resistencia y la justiciablidad y exigibilidad de los derechos, la defensa del territorio. Es preciso no caer más en el ejercicio instrumental de impulsar la dinamizacion del proceso de la economía global y su  hiperfinancialización y acumulación de la riqueza abriendo la puerta a los monopolios y oligopolios globales quenes ejercen una franca apropiación de los recursos estratégicos de lo que produce o es reconocido como valor en la sociedad contemporánea.

La redefinición de la política (en clave de dignificación de la vida y no de la supervivencia)   es imprescindible. Algunos conceptos de la política (práctica) y lo político (pensamiento) hay que mirarlos desde las siguientes consideraciones:

La fuerza política suficiente para reestructurar la organización del trabajo y su condición humana y digna, estudiar y reducir las contingencias de la dinámica global que condicionan  y limitan el actuar político contemporáneo y generan inestabilidad en la vida cotidiana con salarios precarios.

Impulsar un relato político con la generación y consolidación de medios de comunicación con contenidos sustantivos y democráticos para su  amplia difusión (el relato también tiene que subrayar el no caer en los vicios clientelistas, heteronormativos, racistas, clasistas, y rescatar una pedagogía de subversión y organización )

Es necesario modificar los entendimientos de la política a partir de reconocer las luchas históricas y contemporáneas de los movimientos sociales en México y América Latina: zapatismo, cardenismo, movimientos magisteriales, estudiantiles, mivimientos de víctimas, por la paz con justicia y dignidad, las movilizaciones  tierra y territorio, los movimientos en torno a Ayotzinapa…

Ser activos en la generación de transformaciones de fondo. En México diferentes grupos están empujando un proceso constituyente social, realizando esfuerzos organizativos y actividades que se proponen explicitar, cuestionar, tensionar y renovar los códigos verticales, autoritarios, patriarcales, incondicionales, corporativos y clientelares de la política tradicional y corrupta dominante hoy en día, así como revertir las reformas neoliberales.

Es imprescindible recuperar el espíritu de la Constitución de 1917 para establecer la autodeterminación de los pueblos y la construcción de una integración regional latinoamericana con relaciones igualitarias. Generar procesos de regulación sobre los poderes financieros internacionales para fortalecer proceso de industrialización e innovación para la construcción de una sociedad con conocimiento con el firme propósito de reducir las brechas de desigualdad y la pobreza en nuestro países, y detener el despojo de los recursos comunitarios y nacionales en el marco de una reivindicación de la soberanía con estrategias contemporáneas y la postulación de una nueva imaginación política en los movimientos y plataformas políticas.