Texto: Mauricio Patrón Rivera / Fotos: Rodrigo Suárez

  • Sesión 4. Metodologías colaborativas en el arte y la construcción de sujetos colectivos.

Incitar significa “influir vivamente a una persona para que haga cierta cosa”. Es un llamado a la acción. Pero para Marisa Belausteguigoitia* también se refiere a ver cómo en un trabajo académico la cita bibliográfica que introduce a un autor o autoridad pierde sentido y cae del texto. Dejar de citar las ideas de otros para mejor reunirnos con ellas y ellos, y que la cita tenga lugar.

Nos citamos en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM para recorrer con Mónica Mayer** su exposición retrocolectiva “Si tiene dudas…pregunte”, y después conversar junto con Marisa en el Ágora del museo.

Ese hacer caer la cita, para Marisa tiene connotaciones de revuelta epistemológica, de voltear de cabeza la hoja para que quienes siempre están en el pie de página, sólo como referencias, suban al cuerpo del texto. Cuando tienes a alguien junto no hace falta citarle, se le puede preguntar y conversar. Cambia la forma en que construimos conocimiento.

Con Mónica pasa eso. La exposición que reúne 40 años de su trabajo se compuso como una retrocolectiva, como le sugirió la investigadora argentina María Laura Rosa –y no como una retrospectiva–, porque en ella se da cuenta de los  procesos de colaboración a lo largo de su obra, icónica del arte feminista en México. Con “si tiene dudas…pregunte” vemos el trabajo de Pinto Mi Raya, pioneros de la crítica institucional en el arte; a Polvo de Gallina Negra, colectivo feminista que formó con Maris Bustamante y a decenas de personas que tienen en la vida y práctica de Mónica un cruce de caminos.

Su práctica artística siempre pone a discusión el adentro y afuera del museo, de hecho ella se pregunta “Cómo no perder la potencia de prácticas artísticas que están pensadas para afuera del museo” al exhibirlas entre sus muros.

Por un lado, su trabajo es una especie de “arte conceptual aplicado” que se derrama por correspondencia, pintura, collage, diálogos, convocatorias, performance parásitos de otros performance, acción política directa sobre el espacio público, e incluso un uso estratégico de los medios de comunicación; por otro, Mónica tiene una pretensión de transparencia que logra ilustrar a la perfección el principio feminista de que lo personal es político. Pareciera que expone su vida cotidiana como parte de su obra, pero conforme nos acercamos a su intimidad, descubrimos sus posturas políticas.

Entiende el arte como una práctica relacional y a la vida como el despliegue mismo de lo político. Esto provoca que el carácter colectivo de su exposición rebase al ámbito de la producción y se instale también en el espectador, ya que muchas de las “piezas” se activan al momento y en conjunto. Con esta retrocolectiva, al museo se le atraviesa necesariamente la vida.

Se rompe la jerarquía de la cita académica. Las y los autores que sustentan nuestros argumentos se unen a la conversación en una metodología colaborativa y comienza la construcción de sujetos colectivos.

La forma en que nos reunimos y conversamos y accionamos influye directamente en el conocimiento que producimos. “Se atraviesa el arte en la vida y la vida en el arte como en la pieza de Justicia y democracia de Mónica”, dice Marisa.

Para ella el concepto de atravesada/atravesado tiene que ver con la fractura del relato único. Atravesarse a la lengua hegemónica. “Los migrantes son un tipo de atravesados”, ejemplifica. Al flujo imparable de mercancías de La Bestia, ese mega relato del capital internacional, se les entromete los relatos de los pueblos, de los migrantes que se suben a su lomo.

Atravesarse es la pregunta de cómo hacer obras de arte sin pedestal, y lo ejemplifica con la obra escultórica de Richard Serra, que no está delimitada como tal y se atraviesa en el espacio público. Esa interrupción abre el espacio para la reflexión.

Marisa nos propone además un giro a esta estrategia: no basta con atravesarse, para romper con las fronteras hay que atravesarlas en espiral. “Los giros, las espirales, son intervenciones en las fronteras”, dice también recuperando los saberes de la pensadora chicana Gloria Anzaldúa.

En términos del relato “eso es torcer la lengua –nos explica recordando el prototipo de la Malinche– el cuerpo, la mirada, hacia los saberes y prácticas subyugadas, silenciadas, inesperadas, incontadas”.

Nos adentramos en una pedagogía de la incorrección, del error. Atravesarse permite que algo más emerja, es dar espacio a la “subjetividad de los incontados”, escapar a lo que la sociedad exige como lo numerable, lo contable, nombrable, y sistematizare, nos dice siguiendo a Jaques Rancière.

Esta fractura es una estrategia que permite dejar abierto el “nosotros”, convertirse en un espacio para lo inesperado.  Frente a la desaparición, ¿cómo hacer aparecer?; ¿cuáles son las razones para la desaparición de su voz?; ¿dónde están?; ¿quién está hablando todo el dolor que nos encierra?, son algunas de las preguntas que brotan.

En Justicia y democracia (1995) estas dos palabras están escritas desgastadamente en los enormes muros del museo, bajo ellas está un pequeño pedestal donde un escritorio dorado resguarda hojas con una pregunta y espacio para responder: “Hoy, en este México resquebrajado por la crisis y el escepticismo ¿Qué acción concreta tomaría para llegar a esta UTOPÍA?”, refiriéndose, claro, a la utopía de la justicia y la democracia. Junto a esta última obra está la salida de la sala, la vida.

*Marisa Belausteguigoitia. Profesora titular de tiempo completo en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Licenciada en Pedagogía, pasante de maestría en Literatura Hispanoamericana y Maestra en Estudios Psicoanalíticos, Doctora en Estudios Culturales y de Género por la Universidad de California en Berkeley. Es directora del Proyecto Mujeres en Espiral. Sistema de Justicia, perspectiva de género y pedagogías en resistencia de la UNAM dentro del Centro Femenil de Readaptación Social de Santa Martha Acatitla, en la Ciudad de México. Fue directora del Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM (2004-2014). Ha publicado más de 100 artículos en libros y revistas nacionales e internacionales y 6 libros, los más recientes Pedagogías en Espiral: Los giros de las teorías de género y la crítica cultural (2012) en coautoría con Rían Lozano, Pintar los Muros: Deshacer la Cárcel (2014), En la punta de la lengua. Al filo de la imagen (2012), Güeras y prietas: género y raza en la construcción de mundos nuevos (2009).

**Mónica Mayer. Estudió artes visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM y obtuvo una maestría en sociología del arte en Goddard College. Participó dos años en el Feminist Studio Workshop en Los Ángeles, California. Su obra gráfica, sus dibujos y sus performances se presentan desde los setentas en espacios independientes y oficiales, nacionales e internacionales. De acuerdo a diversas publicaciones, es considerada pionera del performance y la gráfica digital en México y precursora del arte feminista en América Latina. Ingresó al Sistema Nacional de Creadores en 2012 con el proyecto “De Archivos y Redes”.