• El líder de Francia Insumisa está convencido de que los franceses rechazan las recetas liberales del presidente pese a la tibieza de las protestas hasta ahora.

Silvia Ayuso

¿Está decaído Espartaco? ¿Se ha rendido ante Júpiter? Cuando Jean-Luc Mélenchon (Tánger, 1951), líder de la formación de izquierda radical Francia Insumisa y principal voz de la oposición en Francia ante el jupiteriano presidente, Emmanuel Macron, reconoció hace unos días que este “había ganado la ronda”, algunos interpretaron que el autoproclamado Espartaco de los franceses tiraba la toalla a solo seis meses de ser elegido el nuevo Gobierno. Nada más lejos de la realidad, exclama. “Dije que había ganado, por el momento”, precisa en una entrevista con los medios de la Leading European Newspaper Alliance (LENA), entre ellos EL PAÍS, en la que recuerda que un viejo zorro de la política —“tengo 66 años, hace 50 que milito”— no se da por vencido tan fácilmente. Y eso que sus llamamientos a salir a la calle a protestar contra Macron y su “Gobierno para los ricos”, sobre todo contra la reforma laboral que considera un “golpe de Estado social”, no han tenido el éxito esperado. Hasta ahora, reitera. “Hay un error terrible de estrategia y de táctica contra Macron”, diagnostica. Pero “Francia es un volcán” y los franceses “siempre han rechazado los potajes liberales”. Por eso, se dice convencido de que el momento de la izquierda alternativa que lidera está aún por venir.

Pregunta: ¿Va Macron más lejos que la derecha tradicional?

Respuesta: Las políticas favorables a los ricos nunca han sido dirigidas por los propios ricos. Si las políticas liberales fueran dirigidas únicamente bajo la bandera de los ricos, se descubriría enseguida y les ganaríamos sin problema. Pero disimulan de forma hábil, como cuando propagan la idea de que un pobre es responsable de su pobreza. Culpabilizar a las víctimas es un gran clásico del pensamiento reaccionario. Macron lo repite para ponerse a la cabeza de toda la derecha, creando un nuevo espacio de derechas. La gente de derechas lo dice: Macron es el presidente que ellos querían. Ha logrado captar una gran parte del centro-derecha y condena a Los Republicanos a derivar hacia una derecha cada vez más radical.

P. ¿Y usted quiere ser el nuevo ariete de la izquierda?

R. Yo pregunto: ¿Qué quiere decir ‘la izquierda’? Si es lo que queda del Partido Socialista y de Los Verdes, honestamente, no tenemos nada que ver con eso. Nosotros no queremos encerrarnos en etiquetas.

P. Pero en lo que se refiere a ideas, ¿sigue existiendo una izquierda?

R. La idea socialista es como la poesía, algo inmortal. ¿Pero qué queda de socialista en el partido de François Hollande? Nada. El daño causado por ese hombre a la izquierda histórica es inaudito. Y no se puede creer que las cosas se van a reorganizar con solo chascar los dedos. Hay que reconstruirlo todo.

P. ¿Es esa la tarea que quiere asumir?

R. Sí, todo está por hacer. Por un lado, hace falta un trabajo en profundidad, duradero. Hay que crear las estructuras permanentes del movimiento y un nuevo modo de acción. Y luego está la situación política. El país está en una situación extremadamente inestable. Puede inclinarse hacia un lado u otro. Mi gran satisfacción es que, por el momento, el Frente Nacional tiene muchas dificultades para recuperar el paso. Y la relación de fuerza entre la oligarquía y el pueblo puede cambiar.

P. ¿Oligarquía contra pueblo?

R. En Europa esa brecha sigue siendo considerada una herejía. Aquí, “populismo” sigue siendo una palabra peyorativa. Me he pasado buena parte de mi vida organizando un partido político. Así que no todos me entienden cuando defiendo ahora un movimiento sin coordinación de intermediarios y que se considera radicalmente incluyente. El día que ganemos, no haremos una política de clase sino una política del pueblo. Presuponemos que hay un interés general humano que no es la misma cosa que un interés de clase.

P. Podemos, un referente para ustedes, se está transformando en un partido más clásico. ¿Sucederá lo mismo con Francia Insumisa?

R. Hemos seguido caminos diferentes, pero seguimos interactuando. Podemos fue un precursor, abrió un nuevo ciclo, el de los partidos-movimientos, antes de regresar a una forma partidaria. Puede que nosotros no seamos lo suficientemente fuertes para resistir a esa tentación. Veremos.

P. ¿Le inquietan las divisiones internas de Podemos?

R. Honestamente, sí. Siempre hemos mantenido contactos con todos los integrantes de ese espacio. Yo no he roto con nadie. Pero Podemos tiene su propia dinámica desde el principio y sabemos que será cada vez más complicado, porque las fracturas del reino español son profundas.

Publicado originalmente en El País