Durante las décadas de los 80 y 90, la Ciudad de México experimentaba una transformación profunda en varias dimensiones. Las experiencias críticas de la modernización acelerada generaron fracturas dentro del Partido Revolucionario Institucional (Davis, 1999). Las viejas alianzas políticas habían dejado de funcionar, y distintos intereses entre grupos políticos locales y nacionales asomaban sus desencuentros. La transformación de la ciudad fue inminente cuando dichos intereses locales y nacionales se resquebrajaron en términos políticos y económicos. Algunos conceptos establecidos como Cultura Nacional, Clase Política y Ciudad como proyecto de Estado comenzaron a ser cuestionados. Esto provocó que el proyecto de desarrollo urbano de la ciudad entrara en crisis.

La decadencia del proyecto modernizador del nacionalismo revolucionario generó en la sociedad de la capital cambios a partir del espectro de la crisis, la situación aceleró la incorporación de gran parte de las élites burocráticas y empresariales al discurso de la globalización y la liberalización de mercados. ”Un tiempo de gran tensión social y de desánimo colectivo, justo tras el fiasco económico y político de mediados de los 90, que se produjo como resultado del proyecto de modernización de la élite” (Medina, 2004:149). En varios sectores de las élites políticas y empresariales, entre los que se contaban a los principales tomadores de decisiones del país, fue común la apuesta por globalizarse. Aún con el gobierno progresista de Cuauhtémoc Cárdenas, que implicaba un nuevo proyecto de desarrollo urbano y expresaba el inicio de un proceso de democratización, era inevitable que los procesos nacionales que impulsaban las firmas de tratados del gobierno federal con financieras y consorcios trasnacionales, respaldadas por el discurso de la globalización, influyeran para que fuera adoptada la gran retórica como representante de una nueva y anhelada modernización.

En las décadas posteriores, el resultado ha sido el vislumbrar el horizonte político global neoliberal bajo dos procesos generales crisis y despojo. El primero se ha inscrito en la fase final del desmantelamiento del estado social de bienestar, fulminar el sistema de representación partidista con sus bases amplias y su vinculación con los movimientos sociales; y el control y la monopolización de medios masivos y de las industrias culturales y del entretenimiento en formas monopólicas para generar un repertorio hegemónico regional de producción de contenidos. El segundo proceso, se ha vinculado a la represión y la criminalización constante del horizonte político alterno a la lógica neoliberal: instrumentación de las instituciones militares y policiacas heredadas del Estado social para reprimir y controlar las alternativas de resistencia, la precarización de diversos grupos sociales y comunidades de sus condiciones materiales, y despojo de sus recursos, desplazamientos territoriales, fiscalizaciones, paramilitarización y abatimiento de sistemas económicos solidarios, sociales o comunitarios.

Desde la dinámica franca del capital global y la portentosa adopción de su retórica, a finales de los 90, en la ciudad se desarrollaba una de las expresiones más emblemáticas de este proceso, los llamados macroproyectos de desarrollo urbano al frente de fuertes corporativos empresariales. Al transcurrir la década fueron creadas y transformadas grandes zonas para el desarrollo de negocios globales como Santa Fe en el lejano poniente de la Ciudad, y Reforma en la parte central, mientras que otras zonas de la ciudad fueron pensadas para el turismo y la cultura como el caso del Centro Histórico y sus inmediaciones. Proyectos muchas veces inconclusos. En términos estructurales, la Globalización consistía en la integración económica a los Estados Unidos que supuso, según el antropólogo Eduardo Nivón, tres grandes tendencias de transformación:

La primera ha sido la pérdida del dinamismo industrial. De 1980 a 1996, el Distrito Federal, la parte central de la ciudad de México, disminuyó en más de 9% su participación en el conjunto nacional de su industria manufacturera. Este proceso es resultado del desplazamiento de la dinámica manufacturera hacia el norte del país y de la reestructuración económica general que vive el país desde los años ochenta. La segunda tendencia del actual desarrollo económico es su reorientación hacia las actividades financieras, comerciales y de servicios. De 1980 a 1996 el peso del sector terciario en el Distrito Federal aumentó de 66 a 77%, siendo los servicios financieros y personales los de mayor crecimiento. El último factor a considerar es la profundización de la desigualdad interna en la distribución de la riqueza. En 1996 el PIB por habitante en el Distrito Federal era 2.6 veces más alto que el promedio nacional. Si lo comparáramos con el PIB per cápita de los estados pobres del sur del país, como Chiapas o Oaxaca, el habitante promedio del Distrito Federal era cinco veces más rico que el de aquellos estados. (Nivón: 2003)

Los grandes bloques de edificios, el embate de la inversión extranjera directa, la especulación inmobiliaria y la represión policíaca han sido procesos articulados que operan de forma semejante a otras tantas ciudades del capital global. Diane Davis (2007), en el artículo “El factor Giuliani: delincuencia, la “cero tolerancia” en el trabajo policiaco y la transformación de la esfera pública en el centro de la ciudad de México”, apuntaba ya la hipótesis centrada en las políticas policíacas (broken windows) que se desprenden de la consultoría que realizó Giullani en el gobierno de López Obrador. Algunas de las características esenciales del plan consistían en restringir el libre tránsito, regular algunas de las conductas públicas (zero tolerance), y también criminalizar algunas otras. Como ha sido en los últimos años, el empuje detrás de la iniciativa se le atribuye a sectores asociados al desarrollo inmobiliario, ejecutivos de empresas multinacionales, agencias de bienes raíces, el sector turístico privado y algunos sectores de la clase media bajo un aparente gobierno de izquierda. Siguiendo a Davis, el plan fue condicionando el acceso al espacio público de la Ciudad, la dinamización del capital y su apropiación de territorios clave de la economía, mientras se potencia una caracterización negativa de ciertas prácticas y grupos sociales de la Ciudad de México. En otras palabras, restringiendo el margen de la legalidad, seleccionando estereotipos sociales y culturales para su criminalización y un hostigamiento constante a sectores críticos y movilizados.

En los últimos meses de 2014, diversas organizaciones han alertado riesgos para la vigencia de derechos humanos a nivel federal, ante una ley sobre estado de excepción propuesta o la legislación secundaria de telecomunicaciones propuestas en el Senado. En el Distrito Federal, ha habido varios embates en contra del ejercicio del derecho a la protesta social y a la libertad de expresión. El informe presentado en abril de 2014, titulado “Control del espacio público: informe sobre retrocesos en las libertades de expresión y reunión en el actual gobierno”, en el que participan diversas organizaciones defensoras de derechos humanos , se denuncia la construcción de un andamiaje para criminalizar la protesta social. Las organizaciones señalan algunas aspectos relevantes: regulación de espacios públicos de manera prohibitiva, legislaciones que criminalizan la protesta social, posibles reformas al Código Penal en materia de terrorismo, geolocalización en el Código de procedimientos penales y la aprobación de la Ley reglamentaria del artículo 29 constitucional en materia se suspensión de garantías.

Por su parte, en el contexto de reformas a las leyes secundarias de la Ley Telecom que se discuten en el Senado, se han denunciado iniciativas que transgreden la privacidad de los usuarios, en nombre la supuesta colaboración con la justicia, y la recolección indiscriminada de datos de los usuarios. Este intento de utilizar los medios de comunicación como dispositivos de control social con facultades de vigilancia de las comunicaciones, así como la represión sistemática de la protesta social en las calles, ha movilizado a diferentes sectores sociales. Las estrategias de resistencia se inscriben en diferentes puntos: dar un seguimiento puntual al ejercicio legislativo en el Senado y a los poderes fácticos, realizar un trabajo amplio de articulación entre diferentes sectores para impulsar campañas de información y de denuncia, generar propuestas alternativas de iniciativas de ley desde la sociedad civil. Sin embargo, ninguna de ellas parece ser suficiente para frenar un proceso de transformación general del Estado y su régimen constitucional mediante modificaciones privatizadoras, de control social, criminalización y despojo que se han agudizado en los últimos tres sexenios. Parece ser, que la reivindicación de derechos, pasa por construir procesos multidimensionales que restructuren la vida política, pero también social, económica y cultural de la ciudadanía, al tiempo que sobrevive a sus representantes políticos y su retórica globalizadora.

Notas

1 El informe se encuentra firmado a nombre del Frente por la libertad de expresión y la protesta social, conformado por Artículo 19, Centro de Derechos Humanos “Fray Francisco de Vitoria OP”, A.C., Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, A.C., Colectivo de Abogadas y Abogados Solidarios CAUSA, Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos A.C., Fundar Centro de Análisis e Investigación, A.C., Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, A.C., Propuesta Cívica, A.C., Servicios y Asesoría para la Paz, A.C., Red de Organismos Civiles “Todos los Derechos para Todas y Todos”, A.C.

Bibliografía

Frente por la Libertad de Expresión y la Protesta Social (2014) “Control del espacio público: informe sobre retrocesos en las libertades de expresión y reunión en el actual gobierno”., Abril, México.
Davis, Diane E. (2007) “El factor Giuliani: delincuencia, la “cero tolerancia” en el trabajo policiaco y la transformación de la esfera pública en el centro de la ciudad de México”. Estudios Sociológicos XXV: 75, Colmex, México.
Davis, Diane E. (1999) Leviatán urbano, Fondo de Cultura Económica, México.
Medina, Cuauhtémoc (2004) “Recent political forms. Radical pursuits en México!” Trans magazine, New York, Sao Paolo 2000, p.149 en Santiago Sierra WORKS 2002-1990, IKON, 2002, p 9. Birmingham, UK.
Nivón, Eduardo (1998b) “La construcción de la centralidad. A propósito de los Usos y las imágenes del centro histórico de la ciudad de México”. Alteridades 16, Departamento de antropología, UAM- I, México.
Nivón Bolán, Eduardo (2003) “Políticas culturales en el tránsito de dos siglos”. Especialidad en Política y Gestión cultural. México, UAM-I, CENART, Organización de Estados Iberoamericanos, México.