Al concluir esta tercera sesión de Preguntas para una práctica fronteriza, con Sol Henaro y Cuauhtémoc Cárdenas Batel, llegamos a la mitad de nuestro intenso pero breve curso. La discusión está del todo abierta y entre la estética y la política se ha descubierto un ilimitado margen para el desacuerdo. Ahora conversamos sobre la “Disputa por el relato desde la visualidad/representación en América Latina”.

Sol Henaro, curadora del acervo documental y responsable del Centro de Documentación Arkheia del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM, comienza por fracturar la dialéctica en la propuesta. Ella, desde su práctica y forma de enunciar, rechaza que haya que contraponer una hegemonía a otra. Su apuesta es por la creación de múltiples narrativas.

“¿Cuál es la ansiedad que tenemos por querer entrar en un enunciado determinado?” tira en la pequeña multitud de 23 personas que venimos de todos lados, 11 mujeres, 12 hombres, desde los 20 hasta los 60, con o sin estudios, lo mismo en la política institucional que en activismo, en las prácticas artísticas, en la academia o aún en la universidad.

Al otro lado de la mesa en la galería del Centro Cultural Border, dónde se expone “Entre Palabra e Imagen. Galería de pensamiento de Gloria Anzaldúa”, está Cuauhtémoc, arquitecto y presidente del Festival Internacional de Cine de Morelia, ayudando a Sol a cambiar las diapositivas. Confiesa que su posición más cómoda no es dentro de la institución, pero conoce a fondo las palabras que conforman las políticas públicas de la cultura.

FICMorelia es un caso interesante porque tiene un pie en lo público y otro en lo privado, por ejemplo su gestión implica un trabajo con el gobierno de Morelia y de Michoacán, pero también con Alejandro Ramírez, dueño de Cinepolis y quien preside el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios. Este festival –el más importante de México– , abre espacio para la confrontación política, dice Cuauhtémoc. No toma posturas, sino que posibilita la expresión de esas posturas a través del cine, con un particular acento en las producciones mexicanas, “como vitrina, ring, caja de resonancias, ruedo…” para que otros aporten los argumentos.

El cine es fundamental para crear narrativas; así, vemos corrientes como el Cinema Novo con Glauber Rocha en Brasil quien se pone a pensar cómo nos estamos representando, y llega a su concepto-manifiesto de la Estética del Hambre. “La expresión más bella del hambre es la violencia” parafrasea Cárdenas Batel. Él buscaba mostrar la violencia como forma de crear un contrarelato frente a las apariencias de orden y progreso que se empeña en mostrar el Estado brasileño.

“Así —dice Glauber–, mientras América Latina lamenta sus miserias generales, el interlocutor extranjero cultiva el gusto de esta miseria, no como un síntoma trágico, sino solamente como dato formal en su campo de interés. Ni el latino comunica su verdadera miseria al hombre civilizado ni el hombre civilizado comprende verdaderamente la miseria del latino”.

Es tan aplastante este hegemonía del relato que “no hay una disputa por la representación. Estamos avasallados y no hay siquiera disputa, en estos momentos la disputa es por la supervivencia”, nos dice Cuate.

Y ahora él pregunta: ¿La posibilidad de cambiar esto se encuentra en el discurso o en las prácticas? Tal vez resolver esta discusión podría pasar por vernos a nosotros mismos.

En esta última reflexión haya un punto de encuentro con Sol Henaro, quien disuelve la diferencia entre práctica y discurso, probablemente más situada en el postestructuralismo y en teorías como la performatividad de Austin: “No me interesa las prácticas discursivas que no se sostengan en el ámbito micropolítico”.

Coinciden en que las instituciones no deberían ser vistas como un todo sino también como la unión de un montón de individualidades. El concepto de hegemonía le molesta y cree que debería ser desactivado cada que puede en su práctica “¿Por qué tiene que haber un solo relato? Hay que desestabilizar el relato”, piensa remitiendo al subtítulo de la exposición Perder la Forma Humana: Una imagen sísmica de los años 80 en América Latina.

“El pasado es inestable, ir ahí es abrir un pliegue: no se trata de imponer una nueva narrativa sino de abrir otra más. No se trata de ‘rescatar’, ya que el hecho de que algo no se vea no quiere decir que no exista. Prefiero el término ‘recuperar’, se recupera, pero no se ‘rescata’ nada, cuenta mientras nos muestra algunas obras producidas en México en la segunda mitad del siglo XX. Muchas de las cuales adquirió para la colección del MUAC en el marco de la exposición Pulso Alterado.

Se trataba de una exposición conformada del fondo de la colección, así que bajo esa premisa, ella y Miguel López, comenzaron a adquirir obra que estaba fuera de los marcos más convencionales. En particular, cuenta, hubo un momento en que estaban con la obra de Nahúm B. Zenil en que muestra a un hombre de pie, doblado y con una bandera de México en el ano: sabían que corrían el riesgo de que les censuraran la obra o la exposición entera, aunque al final no hubo ningún problema y lograron hacer un uso estratégico de la institución. Porque qué tipo de institución, sino es la Universidad, puede tomar este tipo de riesgos para adquirir obra jugando un papel político clave, reflexiona Henaro.

En su trabajo sobre la crítica institucional también recorre trayectorias como las del No Grupo, el grupo Mira con Melecio Galván, hasta llegar a la labor del archivo y de donaciones como las de Arnulfo Aquino, uno de los artistas gráficos del movimiento del 68.

El museo, con el trabajo de Henaro, también ha adquirido material de movilizaciones recientes como el grupo Fuentes Rojas quienes iniciaron la práctica de los Bordados por la Paz y de los cuales adquirieron 200 pañuelos.

Esto se ha concentrado en ARKEIA en el fondo de “Visualidades y movilización social” que al principio quería hacerse para el momento en el que surge el movimiento #YoSoy132 pero que no alcanzaron a iniciar y fue hasta las movilizaciones por Ayotzinapa que se inició esta colección en proceso que está contemplada para dos años de investigación.

Entre este ir y venir de las prácticas artísticas, políticas y culturales en México solo surgen más preguntas. Entre las formas de hacer visible y sensible la realidad a la que nos enfrentamos se atraviesa la pregunta por la hegemonía ¿Es o no importante tener la voz dominante para hacerse escuchar?

Edouard Glissant, escritor martinicano, dice que hay una diferencia clave entre el murmullo y el susurro; uno condicionado a la discreción por un agente externo, es un grito que circula en voz baja; otro, condicionado por decisión interna, pertenece al secreto.