• Sesión 6. Agenciamiento de la subjetividad II. Comunidad, Lo singular y lo colectivo. Zapatismo y #YoSoy132.

Texto: Mauricio Patrón Rivera / Fotos: Rodrigo Suárez

En esta última sesión del curso Preguntas para una práctica fronteriza, tenemos como invitados a Federico Zuvire*, del colectivo Velerita, y a Dolores González** de Serapaz. Ambos trazan ejemplos concretos de prácticas que transforman la relación entre la estética y la política. En específico nos comparten sus experiencias en distintas movilizaciones sociales donde los actores sociales transforman sus subjetividades para integrar colectividades discursivas nuevas.

Federico inicia con palabras que le calan hondo, “no hacen falta ni líderes, ni mártires, ni héroes, solo gente que quiera cambiar este país”, dice citando a Juan Carlos Trujillo, quien nos compartió su vida y trabajo en la sesión pasada.

Juan Carlos, junto con muchos otros familiares de víctimas que llevan ya años organizados y en acción sería un ejemplo de lo que Dolores González denomina un segundo piso en la construcción de una identidad política colectiva: “Ellos se encuentran en un proceso de maduración de un sujeto colectivo, ya no se trata solo de la víctima testimonial […] las víctimas hablan desde el dolor, su afectividad, como un código de poder. El amor y el dolor han sido motores políticos para su conformación identitaria”.

Son muy diversos los contextos que permiten el agenciamiento colectivo en subjetividades, pero en todos ellos el plano de lo sensible y de lo que es visible parece ser clave. Hay “momentos de inflexión”, explica Dolores, donde la movilización social no solo posiciona demandas u objetivos políticos, sino que permite que el discurso se articule de otra manera.

Tanto el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) como el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) y Ayotzinapa abren espacios para el surgimiento de nuevos actores sociales que se convierten en interlocutores obligados y permiten la construcción de colectividad.

En el EZLN, por ejemplo, “creaban el ambiente que necesitaban para las reivindicaciones que proponían”, recuerda Lolis, quien estuvo desde el inicio en las mesas de negociación como parte de lo que luego sería Servicios y Asesoría para la Paz (Serapaz).

Serapaz cumple 20 años, su historia es inseparable a la del zapatismo, ya que en 1994 tras las movilizaciones nacionales que lograron parar la guerra en el día 12, inició un trabajo de diálogo entre el Estado mexicano y el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional del cual ésta organización llevaba la carga técnica y operativa. En ese entonces ni siquiera tenía nombre, pero luego de la ruptura de los diálogos en 1998, surgió visiblemente como Servicios y Asesoría para la Paz.

Serapaz fue fundada por Samuel Ruíz que era, junto con el Subcomandante Marcos, una figura imprescindible para la estética zapatista: la de los traductores culturales. Crearon dos figuras públicas y mediáticas para tratar con quienes desestimaban la voz colectiva de los pueblos indígenas.

Esta estrategia respondió en aquel momento a una pregunta que vuelve a surgir en los tiempos actuales de voz de Federico: “¿Cómo romper las barreras de autoconsumo de los que ya estamos indignados; como conectamos con el resto de la sociedad?”. Ellos y ellas se “inventaron” a Marcos y a Jtatik Samuel.

Pero además tenían muchas otras estrategias como un gran manejo escénico, saber como llegar a los eventos, y elementos como el pasamontañas han sido clave. El uso del pasamontañas, por ejemplo, tenía un gran riesgo, no era atractivo mediáticamente taparse el rostro para actuar (una actitud casi antidemocrática en los tiempos de la globalización y el multiculturalismo) pero ellos supieron reconceptualizarlo: “Nos tapamos el rostro para que nos vean” decían, y así le reasignar el significante de la dignidad, la rebeldía y la autonomía.

“El EZLN tiene una gran cantidad de elementos identitarios” lo cual se convirtió en una distinción estética clave. “La identidad se transforma en icono y el icono se hace inflexión”, explica Lolis. Apartir de su riqueza multi identitaria crearon imagenes potentes y abrieron un espacio discursivo del que no hubo vuelta atrás.

Dolores González nos cuenta la diferencia entre mesas de negociación en Guatemala y en Chiapas, para clarificar la idea. Ella veía que “en Guatemala los compañeros llegaban a las mesas con trajes que les prestaban, y por ello se vestían de civil con atuendos que les quedaban grandes, o chicos, intentando adaptarse a la estética de los funcionarios…. Las primeras mesas de San Andrés sucedían en espacios de estas dimensiones -dice refiriéndose a nuestro salón de unos 50 metros cuadrados-; todo era muy solemne y los compañeros zapatistas llegaban ataviados con los trajes típicos de los altos de Chiapas, era muy imponente e incluso todo el mundo se ponía de pie para recibirles, esto les servía para crecerse frente a los otros actores, el gobierno, los medios… El EZ siempre ha estado muy al pendiente de su imagen”.

Esta inflexión les permitió abrir un nuevo espacio de enunciación, un nuevo vocabulario que ya no estuviera deslegitimado. Conectaron con la sociedad mexicana, con la juventud e inauguraron un nuevo ciclo de movilización global.

A nivel de lo visual recorrieron un gran camino. Cuando se habla de comunidades indígenas no se puede trazar una línea de lo singular a lo colectivo, nos dice Dolores, más bien ambas identidades ya están ahí. El ser indígena es una identidad acumulada, eres tu entorno, tu ambiente y eso se expresa en individualidades singulares. Desde ese lugar, hay que entender al EZLN cuya complejidad era mayor, porque a su integración indígena múltiple hay que agregar las distintas influencias urbanas, religiosas y de la propia guerrilla.

Dolores realiza su análisis desde tres planos distintos: el estructural, el coyuntural y el cotidiano, y es desde este último donde sucede la inflexión, es donde se dan las condiciones que llevan a una transformación de la estructura, aunque considera que en las movilizaciones sociales que analizamos, no se ha logrado mover la estructura, pero sí las condiciones políticas.

Estos puntos de inflexión también son visibles en las movilizaciones del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que abre espacio para el reconocimiento de la colectividad de los familiares de víctimas. Javier Sicilia se asumió como personaje y desde ahí es que actuó.

En 2011 no había marcos para entender la desaparición o la figura de las personas victimizadas, por ejemplo. El discurso insistía en el maniqueísmo de los buenos y los malos, en ver a los muertos como criminales y no se podía hablar en otro sentido.

La organización social va generando aprendizaje y relaciones sociales y políticas que se acumulan, y así llegamos a Ayotzinapa, que abre la voz a los familiares de “desaparición forzada” que no habían sido escuchados ampliamente y ahora se articulan en el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México con más de 38 colectivos de 28 estados, lo que comprueba también que todo el país es espacio para la desaparición. Ellos y ellas tienen como punto central la creación de búsquedas ciudadanas. Han pasado de representar solo sus casos personales a ser un actor ineludible en el tema.

Otro ejemplo son los más de 300 conflictos por el territorio que tienen un gran antecedente en el zapatismo, y que ahora se están conformando en la Campaña Nacional en Defensa de la Madre Tierra y el Territorio, para denunciar al capital extractivista tanto en el campo como en la ciudad.

En sentido contrario, ella analiza la situación actual de los maestros, que se están movilizando en todo el país. Desde hace tiempo el Estado tiene una estrategia contra ellos basada en la coerción, la recompensa, y la legitimidad como medios para destruir su colectividad y avanzar en el desmantelamiento de la educación pública. Por ejemplo. quienes integran la dirigencia de la sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) tienen sus cuentas personales congeladas, no pueden sacar su sueldo desde hace 6 meses, todos tienen ordenes de aprensión y a quién es arrestado se le traslada a penales de máxima seguridad en otros estados. No han logrado ser vistos de otra forma y conectar con la sociedad.

El desplazamiento del sujeto político para reconfigurar los espacios de enunciación tiene que ver con la puesta en práctica. Es un cambio sobre la marcha. ¿Cómo pasamos de una colectividad que se encuentra a una que además se vuelve intima y cómo esa intimidad se hace idea de futuro?, se pregunta Federico Zuvire.

Luego de que un movimiento social emerge sobre la coyuntura y logra una inflexión, su historia pasa y los objetivos se desgastan. Pierde visibilidad. Pero una vez que se decanta la efervescencia quedan muchas relaciones, nuevas organizaciones, colectividades y mucho aprendizaje. Así, Federico recuerda haber marchado con el MPJD, pero después participó de lleno en el #YoSoy132, en la Escuelita Zapatista, en las movilizaciones por Ayotzinapa, por el multihomicio de la Narvarte y continua.

Federico se opone a encerrarse en personajes como el activista o el artista, más bien propone la ruptura de ambos sujetos. Incluso, cree que el #YoSoy132 puede definirse, más que como un movimiento social, como un “estado de ánimo colectivo”, ya que no se limitó a la coyuntura electoral, más bien la aprovechó para dar cuenta de un estado de cosas. Su fortaleza residía más en la red misma que en personalidades en concreto.

Con Artistas Aliados fue la primera vez en mucho tiempo, probablemente desde el 68, en que las escuelas de arte de la Ciudad se unieron de manera activa para apoyar la movilización social, en este caso como parte del #YoSoy132.

Fue un momento para detenerse, ocupar el tiempo diría Franco Berardi Bifo, y pensar en el proyecto de sociedad que está en funcionamiento más allá de reivindicaciones de una agenda determinada.

Por eso, también cree, con el análisis que da la distancia, que la protesta del #1DMX, el primero de diciembre de 2012 día de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto como Presidente, fue un error de estrategia política, y significó un llamado a la reflexión.

“Creo que gran parte de lo que buscaba el #YoSoy132 como objetivos tenían que ver con el cambio de narrativa, con la comunicación”, nos comparte. ¿Cómo traducir al plano de lo visual los cuestionamientos políticos? ¿Cómo hackear la narrativa oficial?

Una de las estrategias que ha adoptado en su forma de trabajo es el abandono de la retribución, desde el uso del copyleft hasta la ausencia de autoría para impulsar la viralidad de las acciones que organiza. La colectividad es otra de esas estrategias.

Un caso clave para ilustrar esto fue lo que pasó cuando ReExiste hizo la acción que dio inicio al hashtag #FueelEstado. En una de las marchas por la desaparición de los 43 de Ayotzinapa tomaron 30 litros de pintura, y entre 6 personas pintaron esa enorme sentencia en una de las esquinas del Zócalo. “Es muy fácil cambiar las cosas -dice- solo hay que salirse de la zona de confort”. Así, con ese hashtag fueron a las orillas del Estado, a esa frontera que abrió la discusión y la multiplicó.

Así de fácil es hackear al Estado. Se trata de poder mirar el contexto de manera distinta, encontrar en este enfoque a una nueva comunidad y saberlo comunicar. “Necesitamos renovar la forma en que intervenimos en el espacio público”, dice Federico que ahora es parte de otro colectivo Velerita. “¿Qué es el espacio colectivo? es la pregunta que toman como punto de partida para una nueva ruta de navegación.

No podemos construir puentes de entendimiento entre proyectos comunes, si no nos acercamos a nuestra propia orilla. Los puentes se construyen entre las fronteras. Cuando me acerco al otro “mi intimidad se hace calle”, dice Federico, y eso implica todo un proyecto político a partir del sentir. La empatía construye una nueva visualidad que expresa lo inseparable de las ideas y su puesta en práctica. Así unimos nuestra rabia a nuestra cotidianidad y la indignación se hace hogar.

*Federico Zuvire. Cineasta egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica, director del cortometraje Perro Azul (2012), integrante del movimiento YoSoy132, de Artistas Aliados y actualmente del proyecto Velerita.

**Dolores González. Realizó sus estudios en economía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Tiene una larga e importante trayectoria en procesos de acompañamiento y transformación positiva de conflictos y construcción de paz, a través de la promoción y articulación de procesos e iniciativas civiles, investigación y producción editorial; capacitación, asesoría e incidencia. Es coordinadora del área de Transformación Positiva de Conflictos de Serapaz, Servicios y Asesoría para la Paz, una organización civil que surgió para facilitar la gestión administrativa y financiera en respaldo de la labor mediadora de la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI) entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el Estado mexicano. Entre los procesos en los que ha participado, destacan: la CONAI, San Salvador Atenco, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, la COMED, etc.