Se sabe ampliamente que las industrias vinculadas a la energía, particularmente la de hidrocarburos, forman parte de los sectores con mayor interdependencia mundial. Por ello, es de sorprender que el análisis de sus tendencias globales esté ausente del debate sobre la reforma energética mexicana; aún más, cuando México es uno de los actores más importantes en esa industria. En cualquier ámbito siempre es de sentido común conocer y aprovechar las experiencias que ocurren otros lugares. En la industria del petróleo esto es más evidente porque su historia señala fehacientemente que los procesos que en ella emergen, ya sean de carácter tecnológico, corporativo o económico-financiero pronto tienen aplicación general. De tal modo que resulta obligatorio, para aquellos países con grandes recursos de hidrocarburos, seguir puntualmente los procesos que prevalece en esa industria.

El auge y fortalecimiento de las empresas estatales en la industria energética

De manera breve, esta nota pretende destacar una de las tendencias dominantes de los últimos años: el fortalecimiento que han tenido las compañías petroleras de propiedad estatal y el protagonismo que ejercen en la industria. Con ese propósito, es conveniente recordar que una de las consecuencias del embargo petrolero de 1973 fue el surgimiento de empresas estatales en los principales países productores de petróleo. En la actualidad hay más de 115 países que producen petróleo y un gran número de ellos tienen empresas petroleras estatales. Este proceso ha ido madurando y transformando a una industria que durante más de un siglo había sido dominada por empresas privadas (1). Todavía al inicio de los años setenta la mayor parte de las reservas y la producción petrolera mundial estaba en manos privadas, pero en las dos décadas siguientes el control pasó a empresas estatales.

Durante los años 90, el mundo vivió una gran ola de reformas económicas que llevó a la privatización parcial de importantes empresas petroleras en Rusia, Noruega, Malasia, Brasil, China, India, Argentina e incluso México. Proceso del cual emergió un sector de compañías mixtas, que junto a las estatales tienen el control de las reservas y de los proyectos más importantes de exploración y producción en el mundo. Con registros de 2012 (2) es posible establecer que el 89% de las reservas mundiales de hidrocarburos pertenecen a empresas estatales (NOCs), el 5 % a empresas mixtas y el resto son propiedad de empresas privadas internacionales (IOCs). Mientras que el 44 % de la producción es realizada por las empresas estatales y el 27 % por empresas mixtas, sólo el 29% de la producción es exclusiva de las empresas privadas. Las empresas estatales realizan el 85% de la exportación mundial de petróleo y, de acuerdo a la clasificación de las 20 petroleras más grandes del mundo(3), diez de ellas son totalmente estatales; cinco son mixtas y cinco privadas. Todas son encabezadas por Saudi Aramco (la empresa estatal de Arabia Saudita), seguida por Gasprom (que es una empresa rusa de capital mixto), y por NIOC, la petrolera nacional iraní; ExxonMobil entra en el cuarto sitio; siguen, British Petroleum, y Royal Dutch Shell; Pemex estaría en octavo lugar, seguida por ChevronTexaco y KSC de Kuwait (Véase el Cuadro 1).

La literatura especializada es cada vez más prolífica en el estudio de las compañías petroleras estatales(4). Estos estudios tienen como fin no sólo el análisis geopolítico, sino también la observación de la dinámica de la industria y los mecanismos de relación entre las empresas estatales y las empresas privadas internacionales. Dado el equilibrio entre los protagonistas, los objetivos y las políticas de cada grupo no sólo contrastan, sino que también están relacionadas y su vinculación produce la actual dinámica de negocios en esta industria. Mientras las compañías estatales están interesadas en la administración de sus reservas, el objetivo principal de las compañías privadas es obtener la mayor renta posible en el presente o en el menor tiempo posible. Además, mientras las compañías estatales consideran sus reservas como un recurso natural cuyo valor no sólo está en su monetización inmediata sino también en mantenerlas descubiertas bajo tierra(5) , las empresas privadas siempre están interesadas en lograr proyectos conjuntos con las empresas estatales.

Por otra parte, durante los últimos veinte años el fortalecimiento de las empresas estatales ha sido muy positivo para las empresas de servicios petroleros, debido al aumento y diversificación de la demanda de equipos de perforación, plataformas marinas, ingeniería, tecnología y una amplísima gama de insumos. Paralelamente, las grandes petroleras internacionales han ido pasando a un modelo en el que su éxito ya no depende sólo de la posesión de reservas, o simplemente de la suscripción de contratos de producción y servicios. En la coyuntura actual, estas empresas buscan otros nichos de negocios más estables como su asociación con las NOCs en proyectos integrales.

A la inversa de lo que ocurrió, y del discurso liberal que acompañó la privatización de algunos monopolios petroleros estatales, los años noventa también trajeron una ola extraordinaria de fusiones y adquisiciones de empresas petroleras privadas: 13 de ellas absorbieron a 43 que existían al inicio de esa década(6). Y aun cuando el proceso de concentración ha seguido, permanece claramente dominado por ExxonMobil, British Petroleum, Shell, Total, Chevron y ConocoPhillips, sobre decenas de empresas pequeñas y medianas radicadas principalmente en los Estados Unidos.

Sin lugar a dudas, este fenómeno de concentración ha sido influido por el hecho de que los espacios de inversión, en los territorios que acumulan la mayor cantidad de reservas, se han vuelto menos accesibles para las empresas privadas. En países como Arabia Saudita, Irán, Venezuela, Kuwait o Rusia(7) , ya no tienen un acceso plenamente abierto a las empresas extranjeras. Es por eso que en los portafolios para exploración-producción de British Petroleum o ExxonMobil aparecen cada vez más localizaciones en África occidental, Australia, u otros países que tienen recursos importantes, pero mucho menos abundantes que los contenidos en los países antes mencionados.

Es frecuente observar que en los proyectos de países con grandes reservas, las empresas privadas van junto a empresas estatales, siendo estas últimas las que asumen el liderazgo. Tal es el caso, por ejemplo, del proyecto “Libra”, recién asignado(8) en Brasil (Presal), donde Shell y Total participan con el 20 % cada una, CNPC y CNOOC, con el 10%, y Petrobras con el 40%.

Por otra parte, los incentivos creados por las innovaciones del mercado financiero han ejercido mayores presiones en los accionistas de las compañías petroleras privadas para que den prioridad a inversiones de corto plazo. Los directivos prefieren usar el flujo de efectivo que les ha traído el crecimiento de los precios del petróleo para recomprar acciones de sus propias empresas, lo que permite pagar de inmediato mayores dividendos a los inversionistas, en lugar de proyectar beneficios futuros e invertir en exploración para descubrir nuevos yacimientos. De tal suerte que la inversión en exploración de las cinco mayores empresas privadas fue discreta durante la década pasada, y la inversión para desarrollo de producción se dirigió a comprar campos descubiertos, como una forma más fácil de aumentar la producción en el corto plazo. Pero al aplazar la inversión en exploración e incorporación de nuevos campos se ha estrechado su viabilidad a largo plazo.

Las empresas medianas, por el contrario, han incrementado sus gastos de exploración, al grado que la suma de su inversión ya es igual al de las cinco- seis llamadas “majors”(9). Esta tendencia del gasto en exploración podría resultar en que las empresas medianas puedan tener una porción mayor de la producción de petróleo fuera de la OPEP en los próximos años. Las decisiones de inversión observadas recientemente (Jaffe, 2007) modifican una tendencia que en el pasado se había hecho típica: durante periodos de precios altos las empresas aumentaban su gasto en exploración; mientras que a menores precios, la inversión se orientaba al desarrollo de los campos previamente descubiertos. El esfuerzo de estas últimas empresas ha estado acompañado por el de Statoil, Petrobras, Petronas, China National Petroleum, China National Offshore Oil Corp., Rosneft, India’s Oil and Natural Gas Corporation Ltd., con más de $ 100 mil millones de dólares en actividades de exploración y producción fuera de sus fronteras. Ello ha forjado un nuevo frente de competencia para las compañías privadas internacionales.

Las tendencias de inversión en exploración tendrán efectos importantes en el futuro sobre la tasa de restitución de reservas que se ha reducido al 82%, después que en los años noventa había alcanzado promedios de más del 100%. A menos que las grandes empresas muestren mayor eficiencia en el gasto de exploración por barril descubierto, sus dificultades en reposición de reservas posiblemente las lleve, en los próximos años, a buscar la adquisición de empresas medianas propietarias de reservas para mantener su nivel de producción.

Similar tendencia se observa en la producción de las cinco mayores empresas en comparación con las empresas medianas de Estados Unidos. La producción de aceite de las compañías más grandes ha disminuido desde mediados de la década de los noventa. La producción de petróleo de estas compañías se ha reducido de 10,2 millones de barriles por día en 1996 a 9,7 millones en 2010. Por el contrario, las primeras 20 empresas medianas de los Estados Unidos han aumentado su producción de 1,5 millones de barriles por día a 2.1 millones en el mismo periodo. Sin embargo, como resultado de la concentración del sector petrolero en los Estados Unidos, se observa la siguiente evolución: en 1993, las cinco mayores empresas controlaban el 69% de las reservas, esta proporción aumentó al 82% en 2010.

El cada vez mayor protagonismo de las empresas estatales, junto al hecho de que países como Arabia Saudita, Irán, Kuwait, Rusia, Venezuela o México restringen la inversión a empresas extranjeras, o que ciertas áreas geográficas en los Estados Unidos también estén restringidas por razones ambientales, estrechan el escenario para las grandes empresas petroleras privadas. La tendencia sugiere que las petroleras internacionales se verán, más a menudo, cara a cara con las NOCs, no sólo como clientes o socios en la explotación de los recursos del país anfitrión, sino como competidores comerciales en el escenario mundial.

Tomando en cuenta una lista de 410 grandes proyectos de explotación de hidrocarburos en el mundo(10), reportados por empresas privadas o empresas estatales fuera de sus fronteras, el 78% de la producción esperada de aceite en los próximos diez años se ubicará en nueve países: Irak (20%), Canadá (17%), Brasil (12%), China (10%), Nigeria (7%), Kazakhstan (4%), Angola (3%), Rusia (2%) y Estados Unidos (3%).

Después de la invasión de Irak (1991), las reservas petroleras de Irak figuran como una de las áreas de mayores negocios en el mundo, con proyectos que pueden sumar tres millones de barriles en los próximos diez años. El 60% de los nuevos negocios en ese país se adjudicaron a ExxonMobil, British Petroleum y Shell en las zonas más ricas de ese país como Rumaila y Qurna. Sin embargo, paulatinamente las empresas chinas y rusas –CNPC y Gazprom– han ido adquiriendo presencia comprando negocios a las empresas estadounidenses o asociándose a ellas. En Rusia, los gigantescos proyectos de Sakhalin I (Rosneft- ExxonMobil) y II (Gazprom), han permitido el fortalecimiento de las empresas rusas que controlan los estratégicos suministros de gas hacia los consumidores de la zona Asia-Pacífico. Otro ejemplo es la construcción del gasoducto subsahariano (4,300 kms), a través de una joint-venture entre NNPC y Sonatrach para llevar gas desde Nigeria, atravesar Argelia y llegar a Europa, etc.

En Canadá, principal proveedor de importaciones a los Estados Unidos, el 41% de la producción futura correrá a cargo de las “majors”, otra proporción similar será de las empresas canadienses y un 10% lo producirán la China National Offshore Oil Corporation (CNOOC) y Statoil. La empresa china participa principalmente en Alberta(11) para la producción de petróleo sintético a partir de arenas bituminosas y con interés de exportar gas natural licuado (GNL) al lejano oriente. Adicionalmente, Sinopec participa en proyectos para construir dos refinerías en la misma provincia.

Es importante recordar que en 2005, CNOOC presentó una oferta por 18.5 mil millones de USD para adquirir UNOCAL, empresa estadounidense con importantes negocios en Asia central y experiencia en aguas profundas. Sin embargo, la oferta fue bloqueada políticamente(12) por considerar que podría significar un riesgo para la seguridad energética de los Estados Unidos, y para las relaciones sino-estadounidenses. UNOCAL finalmente aceptó una oferta menor: 17.1 mil millones de USD proveniente de ChevronTexaco. Este evento muestra por si sólo el avance de las empresas estatales pero, sobre todo, la nueva importancia geoestratégica que tienen los negocios petroleros en el mundo. Antes eran las empresas occidentales las que luchaban por hacerse de los yacimientos en los llamados países del tercer mundo, hoy son las empresas chinas o árabes las que luchan por hacerse de la tecnología y los mercados norteamericanos.

Aramco, segundo proveedor de petróleo de los Estados Unidos, ha tenido mejor suerte que las empresas chinas, pues aún cuando no participa en actividades upstream en los Estados Unidos es propietaria, en asociación con Shell, de tres grandes refinerías(13) que reúnen una capacidad para procesar más de un millón de barriles por día, lo que significa, aproximadamente, el 7% de la capacidad de refinación de ese país. En general, se puede decir que la experiencia de las empresas privadas internacionales es una ventaja, pero la brecha se está cerrando. Como se puede observar, algunas empresas estatales como las chinas o rusas, ya están compitiendo directamente contra las petroleras internacionales para el acceso a las reservas en mercados extranjeros.

El enfoque de colaboración entre NOCs y IOCs es el de proyectos integrados. Los países tradicionalmente anfitriones ya no se sienten satisfechos con acuerdos de producción compartida de gas o petróleo, incluso con aquellos más favorables en el tema fiscal. Ahora ven a sus recursos naturales como una herramienta para impulsar su desarrollo económico en un plano más general. Van hacia el desarrollo conjunto de complejos industriales, al proceso de la materia prima hasta la petroquímica; hacia la construcción de redes de distribución de sus productos en el extranjero, e incluso la capacitación de recursos humanos para alta tecnología en los países anfitriones. Por ejemplo, en 2007-9, China (Sinopec) y Arabia Saudita (Aramco) formaron un consorcio con Exxon para ampliar la refinería de Fujian, y operar una red de 750 gasolineras en la misma región.

Existe una gran cantidad de casos que muestran, por una parte, el despliegue de las empresas estatales chinas por todo el mundo, cuyo objetivo es asegurar reservas de petróleo, gas y productos petroquímicos y refinados para sostener la expansión de una economía que consume 10 millones de barriles diarios de hidrocarburos, de los cuales importa poco más de la mitad. Pero también es clara la tendencia de aquellas empresas estatales que se fortalecen para salir de sus fronteras y asegurar, en el largo plazo, la colocación de sus productos, como: Rosneft, Gazprom, Lukoi, Aramco o Pdvsa. Para alcanzar este objetivo, estas empresas se asocian con otras empresas estatales o con aquellas privadas que ofrecer alguna ventaja real y sobresaliente. Son ya menores los casos donde sólo se busca la explotación del recurso natural.

PEMEX y la industria energética mundial

La magnitud global que han tomado algunas empresas estatales, participando al mismo tiempo en todas las actividades de la cadena de valor de los hidrocarburos, incluso en los llamados no convencionales, contradice las afirmaciones de que Pemex no puede, por si sola, participar en el desarrollo de la industria petrolera en México. La gran mayoría de las empresas estatales exitosas comenzaron mucho después que Petróleos Mexicanos, a ellas no se les adjudicó el prejuicio de que carecían de tecnología, capacidad administrativa o recursos financieros y que deberían renunciar a su segmento de mercado nacional; por el contrario, sus gobiernos las impulsaron a asociarse con otras estatales o con empresas privadas, como una estrategia deliberada para la obtención de alguna ventaja específica en la disputa por el mercado mundial.

Ni que decir del argumento simplista: “…que Pemex fracasa porque es operada por un gobierno”, cuando ha quedado claro que la industria petrolera internacional funciona, en su segmento mayoritario, a través de empresas públicas. Ciertamente, en contraste con la tesis anterior, sobresale el rezago de Pemex en su internacionalización, por las ventajas comparativas que ofrece nuestra vecindad con el principal consumidor de hidrocarburos del mundo y por el potencial económico-financiero de la petrolera mexicana, que le hubiera facilitado localizar infraestructura industrial y la distribución de sus productos transformados en los Estados Unidos, o la búsqueda de reservas en Centro y Sudamérica.

¿Por qué se le ha negado a Pemex internacionalizarse, más allá de los intentos temerosos y aislados en la refinería de Deer Park (Shell), o en la propiedad accionaria de Repsol? ¿Acaso está fuera de la realidad pensar que su internacionalización hubiera producido beneficios para el Estado mexicano, a juzgar por la experiencia internacional?

Durante los últimos veinticinco años, al menos, se ha impuesto una política para reducir a Pemex, justificada en el dogma de reducir la presencia del Estado en la economía, pero que en realidad ha sido una “cortina de humo” para ceder mercado y actividades estratégicas a otros competidores. Así ocurrió con la apertura de la petroquímica (1995), donde Pemex fue obligado a abandonar la actividad en beneficio de otros productores que ganaron el mercadeo mexicano; otro tanto ocurrió con el transporte de gas, el estancamiento deliberado de la refinación y el estrangulamiento presupuestal al desarrollo tecnológico (Instituto Mexicano del Petróleo). Las empresas internacionales que ganaron cada una de esas actividades no han impulsado el progreso de esas áreas en el país y cuando, en los Estados Unidos, han estado frente a la posibilidad de que ingrese un nuevo competidor –como en el caso de Unocal, ya señalado en páginas anteriores– sus representantes políticos se han opuesto, argumentando razones de seguridad nacional, sin considerar las virtudes de la competencia y del libre mercado.

Pese a las políticas equivocadas ejercidas sistemáticamente en contra de Pemex, este organismo sigue siendo fuerte, solo baste recordar que para 2014, el Congreso espera que contribuya con poco más de 100 mil millones de dólares al presupuesto de egresos de la federación. Pocas entidades económicas en el mudo tienen esa capacidad, más allá de las deficiencias que tengan y que se les quiera atribuir. Bajo este escenario, y desde la perspectiva del interés nacional, no es comprensible el propósito que anima al presidente Peña Nieto para tratar de abrir indiscriminadamente los yacimientos mexicanos a la inversión privada y reducir el espacio de operación a Petróleos Mexicanos, pionera de las empresas públicas en el mundo.

Llama la atención que la propuesta del presidente Peña Nieto no haya considerado las tendencias optimistas que acompañan a las empresas petroleras estatales en el mundo. El presidente Peña no ha presentado un proyecto para el desarrollo de la industria petrolera mexicana, que señale claramente el fortalecimiento del principal instrumento del Estado mexicano en este campo: Petróleos Mexicanos. Simplemente oferta, al mejor postor, los recursos naturales mexicanos, con un modelo que es consistente con los procesos que se conocieron antes de la década de los años setenta o antes de la expropiación petrolera de 1938.

La reforma energética propuesta por el gobierno, pretende modificar el régimen constitucional para que los particulares participen en el aumento de la extracción de aceite y gas, con el propósito de aumentar los ingresos fiscales; bajo una comprensión muy primitiva y limitada del uso de un excedente económico que sólo busca transformar en ingresos dinerarios para el Estado. Cuando las grandes reservas de hidrocarburos mexicanos deberían orientarse a su industrialización para cubrir el déficit de la demanda interna de destilados, impulsar la industrialización general del país, y prever mecanismos financieros para que la renta petrolera extienda sus beneficios a las próximas generaciones de mexicanos.

Las propuestas de reforma constitucional del PAN y del gobierno federal difieren esencialmente en la forma como se convendría con los particulares la explotación del recurso natural: concesiones o contratos de producción (utilidad) compartida. Difieren en el grado de la libertad, facilidad y magnitud de las regalías que el particular pagaría al estado por la explotación del recurso. Eliminan la exclusividad del estado en la operación de la industria petrolera. Su proyecto coincide en crear condiciones para que Pemex pierda su integración vertical y para que la competencia ordene un sistema de precios menores, cuando está plenamente demostrado que estos procesos resultarán de la conveniencia global que tengan las empresas que vengan a ejercer su dominio sobre el mercado mexicano. Ambos proyectos hacen caso omiso de la importancia de Pemex, de una institución que más allá de consideraciones ideológicas, en 75 años de existencia, ha acumulado conocimientos, capacidades técnicas, administrativas y un lugar en el mercado internacional que le facultan para propósitos mayores.

El despliegue internacional de las empresas chinas –reorganizadas a mediados de los años noventa– es un fenómeno que arrancó en siglo XXI, más o menos hace una década, y es contemporáneo al éxito internacional de las petroleras rusas, de Petrobras, Statoil o Aramco. En todos estos casos hubo una voluntad de sus respectivos gobiernos por comprender la evolución internacional de la industria y, en consecuencia, la formulación de un proyecto para impulsar el interés de sus respectivos países. Desafortunadamente, en el caso mexicano no se aprecia la voluntad de promover un interés de Estado.

En resumen, antes de discutir cualquier reforma constitucional, hubiera sido conveniente definir las prioridades para el desarrollo del sector energético mexicano, sus objetivos y sus retos; la magnitud del esfuerzo para fortalecer a Pemex y a la Comisión Federal de Electricidad, de tal manera que sus beneficios pudieran llegar a los consumidores mexicanos lo más rápido posible. Hubiera sido bienvenido un proyecto para modernizar a las dos grandes empresas mexicanas de energía, cuya orientación inicial sigue siendo vigente a la luz de lo que hoy son las principales empresas petroleras estatales. Pero no fue así.

tablaArtPetroleo

Notas

1. La primera gran empresa privada de petróleo, Standard Oil Company, surgió en 1870. Véase Daniel Yergin, Historia del Petróleo, Vergara Editores, Buenos Aires, 1992.
2. Petroleum Intelligence Weekly (PIW), 2012.
3. Helman, Christopher, “The World’s 20 Biggest Oil Companies”, en Forbes, 17 de noviembre de 2013.
4. Amy Myers Jaffe y Ronald Soligo, “The International Oil Companies”, The James A. Baker Institute for Public Policy (Rice University), November, 2007, pp. 1-48; S. Tordo, National Oil Companies and Value Creation, The World Bank, 2011, (Disponible en: http://elibrary.worldbank.org/doi/pdf/10.1596/978-0-8213-8831-0); M. Thurber, NOCs and the Global Oil Market: Should We Worry?, Program on Energy and Sustainable Development, Stanford University, February 6, 2012, (Disponible en: http://energyseminar.stanford.edu/sites/all/files/eventpdf/Thurber%20energy%20seminar%20NOCs%2006Feb2012%20final_0.pdf).
5. G. Luft, y A. Korin, “The myth of U.S. energy dependence”, en Foreing Affairs, October 2013; J. Atkins “The oil crisis: this time the wolf is here”, en Foreign Affairs, April 1973.
6. A. Myers y R. Soligo, ibid.; U.S Energy Information Administration, “Genealogy of Major U.S. Oil and Gas Producers”, January 18, 2007, (DE, 21 de octubre, 2013: http://www.eia.gov/countries/cab.cfm?fips=RS; http://www.eia.gov/finance/archive/upstream.pdf). .
7. Citando a Administración de Información Energética de Estados Unidos, (EIA, por sus siglas en inglés), “el gobierno ruso está impulsando una mayor participación en las compañías internas.” U.S Energy Information Administration, Analysis Countries, Russia, (DE 20 de enero: http://www.eia.gov/countries/cab.cfm?fips=RS).
8. 21 de octubre, 2013.
9. Exxon, Shell, BP, Chevron, Total y ConocoPhillips.
10. Construida con registros periódicos publicados por Oil & Gas Journal, en la que se toma en cuenta información para 47 países y 86 empresas.
11. A partir de la compra de la canadiense Nexen por 15 mil millones de USD, aprobada el 7 de diciembre de 2012 por las autoridades canadienses, en lo que ha sido la principal compra china en el extranjero. Esta empresa se especializa en hidrocarburos no convencionales: arenas bituminosas y shale gas. http://www.nexeninc.com/
12. David Barboza, “China backs away from Unocal bid”, The New York Times, Business, 3 de agosto, 2005.
13. Convent en Baton Rouge, Louisiana (230 Mb/d); Norco, también en Louisiana (220 Mb/d) y Port Arthur en Texas (600 Mb/d). http://www.eia.gov/dnav/pet/

BIBILIOGRAFÍA

“National Oil Companies and Value Creation”, World Bank, 2011.
Akins, James E., “The oil crisis: this time the wolf is here”, en Foreign Affairs, April 1973.
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