Miroslava Breach, mujer, madre y periodista, fue asesinada en Chihuahua.

Los dueños de los bancos están de fiesta en Acapulco, por su bonanza y buenaventura.

Los jornaleros de San Quintín siguen con su lucha contra el esclavismo.

El ex gobernador de Veracruz no aparece.

Los 43 de Ayotzinapa siguen ausentes-presentes.

Kumamoto dice sin voto no hay dinero, los diputados dicen sin dinero no hay voto.

Importamos más gasolina que nunca y siguen hundiendo a PEMEX.

Y el presidente habla constantemente de libertad de expresión, justicia, igualdad, progreso, democracia, el país que queremos…como si quisiera apropiarse de nuestras palabras y vaciarlas de contenido.

Con este caleidoscopio siniestro, los medios de comunicación nos ofrecen todos los días un espectáculo del horror mezclado con la promesa del paraíso. Es la construcción de la sociedad del espectáculo, el consumismo y la enajenación.

Una razón poderosa (supuestamente ineludible) rige el pensamiento y la acción del gobierno de nuestro país para que éste deje de ser nuestro. Es la razón del capitalismo en su expresión neoliberal.

La realidad nos muestra la tozudez irreductible de quienes gobiernan el país. Troquelados en una misma matriz, se afirman dogmáticamente a la idea de que no hay alternativa a la ortodoxia neoliberal. Están más que demostradas las consecuencias del modelo impuesto en lo económico, político, social, territorial, cultural. Son evidentes la indignación y el rechazo del pueblo al destino que nos ofrece el poder hegemónico. Sin embargo, nada parece conmoverlos y de ellos no se puede esperar más que la reproducción de los flagelos que nos agobian: despojo, violencia, corrupción e impunidad, los cuatro jinetes del neo-apocalipsis, cabalgados por el capital financiero internacional. Con este gobierno, México está en peligro.

Estamos convencidos que sólo el concurso del pueblo organizado puede impulsar los cambios y transformaciones que el país necesita para salir de la crisis en que se encuentra. No es tarea de una persona o grupo. Y es nuestra convicción que debe hacerse en función de un proyecto de nación definido desde las necesidades del pueblo, sin ningún tipo de sesgo electoral o de candidatura, para que sea la base de una Nueva Constitución.

No es una utopía. Tenemos el antecedente de la Constitución de la Ciudad de México, que fue concedida por el poder político a regañadientes y con candados, como una necesidad ineludible. Se abrieron espacios, se discutió intensamente con amplia participación social y hay Constitución (“los perros ladran, señal que cabalgamos”).

Hay que destacar, en particular, el trabajo de Clara Jusidman, Porfirio Muñoz Ledo y Alejandro Encinas, éste último Presidente de la Asamblea Constituyente y todos ellos integrantes de POR MEXICO HOY.

La estructura de poder (político, económico y mediático) necesita un sacudón provocado desde la razón popular con un programa y un plan de acción para el rescate de la patria. Algo así como una Agenda por la patria.

Por allí transitamos con POR MEXICO HOY.

El 4 de febrero del año en curso se presentó el documento “Llamado por México, lineamientos generales para un proyecto de país”, que es el resultado de un esfuerzo deliberativo que fue acompañado por la búsqueda de consensos y la construcción de alianzas en todo el país.

En el camino fueron surgiendo inquietudes en relación a los procesos electorales y el papel que en ellos puede jugar POR MEXICO HOY.

Debe quedar claro: su actuación es “con prescindencia partidaria y más allá de los procesos electorales”. Estos últimos se han convertido en un velo, una traba, una dificultad para discutir y entender al país en su problemática profunda, porque siempre se discute en torno a la especulación electoral y a las necesidades inmediatas vinculadas al voto y a los recursos.

No es lo mismo pensar el país que queremos a partir de sus necesidades, que hacerlo a partir del interés electoral.

Es distinto un proyecto de país elaborado desde las necesidades de su pueblo a otro elaborado desde las necesidades de un candidato.

No es igual la construcción de una mayoría política para impulsar un proyecto de país que la suma de votos para ganar una elección.

No es lo mismo impulsar una Nueva Constitución entre todos y en función de un proyecto común que reformar la Constitución desde el poder en función de las necesidades del poder.

Es muy diferente impulsar un programa político elaborado entre todos desde las necesidades propias, que un programa político impulsado por un candidato desde sus intereses personales (o partidarios, si se quiere).

Las alianzas y articulaciones son de naturaleza distinta. En un caso es horizontal, democrática y participativa, genuinamente plural, de consensos en torno a ideas y propuestas. En el otro es vertical, de agrupamiento en torno a la expectativa electoral y definiciones orientadas por el voto. En un caso se trabaja para resolver de fondo las necesidades del país, en el otro se trabaja para resolver la coyuntura electoral con la excusa de hacerlo por el país. En un caso se suman ideas y fuerza, en el otro se suman votos y promotores.

No estamos en contra de los procesos electorales y el sistema de partidos. Estamos en desacuerdo con su diseño, su funcionamiento y la cantidad de recursos que se utilizan, porque tienen el objetivo de: reproducir las condiciones para mantener la actual hegemonía política, afirmar la inevitabilidad del modelo impuesto, reducir espacios al pensamiento crítico sobre los problemas de todos y evitar la articulación política de los múltiples reclamos e indignaciones que atraviesan el país.

En plena sintonía con el paradigma de libre mercado, quienes controlan el poder tienden a convertir a la política y los procesos electorales en un gran negocio. Todo se puede comprar, todo se puede vender y en el camino se pierde la idea de la democracia real y participativa. Se pierde la noción de país soberano, independiente, justo, igualitario. La elaboración propositiva y la discusión programática son sustituidas por la mercadotecnia y la publicidad, que todo lo reducen a una absurda y millonaria competencia de spots e imagen.

El que vota no es un consumidor, es un ciudadano, inerme ante la distorsión de lo político y lo electoral, huérfano de propuestas de cambio profundo, cautivo de la parafernalia del voto.

Por eso creemos que hay que llenar ese vacío de ideas y pensamiento crítico, buscando que la indignación y el reclamo sean la fuerza motriz de la transformación.

Para tener una Nueva Constitución que exprese las necesidades del pueblo se requiere un proyecto de país y la suma de fuerzas políticas que lo impulsen. El proyecto de país da sustento a un programa político común en el que, a su vez, se inscriben posibles líneas de acción política, desde lo local hasta lo nacional. La suma de fuerzas permite impulsarlos en todos los niveles y espacios, incluyendo los procesos electorales.

Es lo que hace POR MEXICO HOY.