Hace años México atraviesa por una crisis de largo aliento, combinada con sucesivos estallidos de indignación y reclamos populares. Este texto propone ubicar y pensar la crisis de México a nivel específico del Estado, considerándolo en su doble faz de instrumento de dominación y promesa no inocua de bienestar y evitando salidas sencillas. Este tipo de crisis no es nuevo en la región latinoamericana, por lo que recurrimos a otras experiencias (Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela) con ánimos de analizar qué podemos recuperar. El factor que nos permite la comparación con estos casos es la instancia de renovación constituyente: la convocatoria a renovar los acuerdos más básicos que nos ligan como pueblo. Pensamos la renovación constituyente no como un simple recambio legal o técnico, sino como la convocatoria amplia a re-constituir la nación a partir de acuerdos sociales básicos. ¿La figura del Congreso Constituyente es útil para estos fines? ¿Cuál ha sido la experiencia al respecto en América Latina en el último movimiento constituyente? ¿Cómo se ven las perspectivas de México a la luz de esas experiencias? Estas son las preguntas que guían el texto.

Presentación. Repensar las experiencias latinoamericanas para imaginar un país.

Cómo caracterizar la crisis hoy en día y qué alternativas construir frente a ella, son preguntas latentes en diferentes diagnósticos de hoy en día en la realidad latinoamericana. La sociedad frente a la crisis ha perdido su confianza en el Estado como colector de expectativas, y coproductor de posibilidades. El filósofo Eduardo Subirats (2009) refuerza esta idea: “En la época en que nadie cree en el progreso, la incertidumbre por el provenir tampoco puede aplacar el sufrimiento del presente. El mañana mejor se convierte en una falacia”.

Daniel Vázquez, Francisco Cantamutto y Antonio Hernández, analizan en este texto las similitudes y especificidades de los procesos constituyentes de Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela con el ánimo de aportar al debate mexicano, reconociendo que aquí, como allá, de diversas maneras y con diversos mecanismos, se parte de una crisis de Estado, se aspira a un constituyente que dispute el modelo – que sea antineoliberal – y que reconstruya la política desde bases ciudadanas y populares. Se trata de un material de divulgación para propiciar el pensamiento estratégico en torno a un objetivo político concreto: Cambiar el país.

El sentido de lo político y de la política se cuestiona en medio de un mar de indignaciones por la falta de justicia y evidentes casos de corrupción del poder público.

En México, en la última década, siguiendo la ruta de la fallida alternancia en el poder, nos encontramos con una profunda crisis en el sistema de partidos, cuestionamientos sobre el papel de la izquierda, pero también, como dirían nuestro autores, en los acuerdos más básicos de la distribución del poder político y el poder económico. El sentido de lo político y de la política se cuestiona en medio de un mar de indignaciones por la falta de justicia y evidentes casos de corrupción del poder público. Se asoma el desplome de la gobernabilidad y de la relación institucional entre el Estado y la Ciudadanía (Tamayo, 2015).

Construir alternativas de acción implica una complejidad mayúscula, la participación política casi está condenada a experimentar frustraciones antes de comprender cabalmente la complejidad estructural y del día a día, mientras se cae en un pavoroso vértigo ante la aceleración de las coyunturas políticas de la urgencia: presos políticos, desapariciones forzadas, procesos de desinstitucionalización, crímenes de Estado, masacres, genocidios, despojos, vulneración de derechos. En términos generales, la reducción de la política a formas de lucha en clave de supervivencia.

Con todas su complejidades, la globalización y la dinámica del capital financiero global son caracterizadas como contingencias históricas de dimensiones nunca vistas que hacen estragos en todos los márgenes de la realidad, y desbaratan las posibilidades políticas de bienestar, de luchas y logros propositivos a las que aspiraba la sociedad moderna de la segunda mitad del Siglo XX. En este marco, la institucionalidad de lo político: partidos e instituciones del Estado mismo, se vuelven los receptores de la indignación, acumulando reclamos por las injusticias y la precarización de la vida.

En realidades como la mexicana –tan brutal y contundente en muchos sentidos con las desapariciones forzadas, los feminicidios, los presos políticos, la impunidad y la corrupción, así como el resquebrajamiento entre un amplio margen de la sociedad y el sistema de partidos–, siguen siendo insuficientes los elementos para situarnos con suficiencia en el diagnóstico de la crisis y en la construcción de alternativas para transformar la realidad mediante otras opciones políticas. En los últimos años, es evidente que la indignación y la movilización social exigen un cambio político para transformar al país, pero no existe un referente a la altura de las circunstancias.

Desde el 21 de marzo de 2015 la Fundación para la Democracia se embarcó en la iniciativa Por México Hoy para promover una gran conversación nacional en torno a un nuevo proyecto de país y las formas de implementarlo, incluyendo una nueva constitución.

Arribamos a esta etapa de la vida nacional tras un largo proceso de descomposición política que tuvo como corolario las reformas estructurales de la primera parte del sexenio de Enrique Peña Nieto. Desde nuestra perspectiva, la suma de estas reformas puede ser considerada como un golpe de Estado legislativo en tanto el conjunto va en sentido totalmente contrario del espíritu constituyente de 1917, último gran momento de acuerdo social.

A la fecha se le han realizado a la Constitución mexicana alrededor de 648 enmiendas

A la fecha se le han realizado a la Constitución mexicana alrededor de 648 enmiendas que derivan en un texto caótico, contradictorio y que, incluso considerando que algunas reformas han sido en el sentido adecuado – derechos humanos y transparencia, por ejemplo -, responde a un ideario neoliberal que hace imposible la construcción de un país con capacidades propias para participar en el entorno global en condiciones de igualdad, que niega la exigibilidad de derechos para lograr condiciones de vida verdaderamente dignas e igualitarias, que facilita la impunidad desde el diseño institucional mismo, que no reconoce los derechos de los bienes naturales y, por lo tanto, que tampoco contempla los derechos de las generaciones futuras.

El proceso al que aspiramos requiere ir discutiendo, sin ánimo de nostalgia ni pretensiones de vuelta a cualquiera de los pasados, las coordenadas estructurales que den viabilidad al país; repensar las formas políticas que nos permitan dejar atrás el régimen autoritario y de ir conformando el sujeto popular, plural por necesidad, que concrete el proceso constituyente que renueve nuestras reglas de convivencia en un sentido plena y radicalmente democrático. Es necesario llenar de contenido el trozo de papel llamado Constitución, pero éste no puede ser el objetivo, si no la condición para plasmar el acuerdo social que se exprese en las calles, en las dimensiones de la vida.

Para todo lo anterior es indispensable mirar al Sur. Para recuperar el sentido de identidad que el neoliberalismo ha distraído mediante la promoción de un sentido común acorde al mercado y no a las culturas, es indispensable mirar los procesos de movilización que, no sin diferencias y tensiones, han arribado a cartas constitucionales cuyos procesos de impulso, diseño y aprobación, han reconfigurado las realidades políticas de cada país y de la región.

Como tema de estudio, imaginar un país desde un lugar tan estratégico como lo son los distintos procesos constituyentes, inaugura también la apuesta de la Fundación para la Democracia de sostener un diálogo abierto con las diferentes voces latinoamericanas representadas en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso). Dicha apuesta espera consolidar el debate y el fortalecimiento de la ideas y el conocimiento para la construcción de alternativas democráticas para nuestro pueblos.

Sea pues este insumo, desde la razón de ser de la Fundación para la Democracia, un aliciente más para la gran conversación que nos ha de llevar al México con justicia y dignidad al que aspiramos.

Fundación para la Democracia

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