Emitidas en Acapulco, Guerrero el 5 de abril del 2019

Agradezco a la Universidad Autónoma de Guerrero, a su Consejo Universitario y al Rector y Presidente de este Consejo, Dr. Javier Saldaña Almazán, la alta distinción de la que se me hace objeto, al designarme Doctor Honoris Causa de esta casa de estudios. Y me enorgullece compartir este acto con mis estimados amigos Ifigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo.

Recibo esta distinción como un reconocimiento a mi identidad con las causas del progreso, la igualdad, la democracia, luchas que han caracterizado y en las que ha estado en la vanguardia esta institución del pueblo guerrerense. No puedo en esta ocasión dejar de mencionar la fuertes represiones a que ha estado sujeto el pueblo Guerrero en su lucha por abrir espacios democráticos, alguna, como la de 1989 muy cerca de aquí, donde fueron víctimas luchadores democráticos y muchos universitarios incorporados a este esfuerzo, en el que debemos reconocer de manera destacada al Dr. Rosalío Wences Reza.

Se me concede esta distinción en momentos en que el cambio social, político, cultural, económico, resulta indispensable para nuestro país, cambio en el que las universidades, la educación superior en el más amplio sentido, tienen un papel vital que jugar. Momentos también en los que se hace más nítido el compromiso que el Estado mexicano tiene de atender a la educación superior, factor de formación académica y cívica, ascenso social, de captación y aprovechamiento de innovaciones y avances científicos y tecnológicos, factor también de fomento al desarrollo regional y al mejoramiento comunitario.

La educación superior de carácter público, del que egresan jóvenes con criterios profesionales y cívicos ya formados, éstos en lo general con fuerte inclinación al servicio social, se vio en las administraciones de las décadas neoliberales no sólo desatendida, sino conscientemente agredida y debilitada, y es a partir de este punto del que debe arrancar el nuevo impulso que el Estado dé a la universidad para que cumpla debidamente su papel de formadora de jóvenes con visiones de progreso y solidaridad social, y de apoyo a la investigación y a la innovación tecnológica, que abran oportunidades de progreso material y social.

El panorama no se presenta sencillo. Primero se debe terminar el abandono en el que las administraciones neoliberales han tenido a la educación en lo general y a la universidad pública en lo particular. Ahora bien, la revitalización del sistema tiene que empezar por universalizar efectivamente los grados educativos por los que todo mexicano debe pasar de acuerdo a nuestra Constitución: preescolar, primaria, media y media superior. La cobertura puede considerarse completa en el nivel primario, con fuertes desigualdades en la calidad de la enseñanza-aprendizaje, pero los incumplimientos y las insuficiencias en los siguientes grados se van haciendo mayores conforme se asciende. Para satisfacer esta obligación constitucional se requiere voluntad política -que cuando se es gobierno se refleja en los presupuestos asignados y en programas con metas específicaspara que gradualmente, en los plazos más cortos posibles, se cubra la totalidad de la demanda del jardín de niños, la secundaria y la preparatoria y se logre calidad equivalente en todos los grados e instituciones de enseñanza.

Un Estado con responsabilidad social debe fijarse como objetivo, en el caso de la educación superior, no su obligatoriedad, pero si garantizar acceso y permanencia en el sistema a todo aquel que quiera ingresar y satisfaga los requerimientos académicos, lo que representaría la exigencia de expansión y fortalecimiento de la universidad pública. Esta labor deberá ir complementada con la permanente capacitación del magisterio, en paralelo con su mejoramiento económico y social.

Si consideramos vivir época de cambio, los caminos y objetivos deben visualizarse en el largo plazo. El cambio puede empezar hoy, pero hay que saber hacia donde dirigirlo y cuales son las metas finales, esto es, qué país, qué sociedad y qué mundo se quieren edificar y esto debe quedar claro, sobre todo, al conjunto de la sociedad. Así, cada quien podrá dar conscientemente la contribución que le corresponda.

Es momento entonces de plantear cómo llegar a ser una nación que ejerza a cabalidad su soberanía, en la que se desenvuelva una sociedad igualitaria y esto se dé en mundo equitativo y justo.

Romper las ataduras de la dependencia, política y económica, es paso obligado. Dar validez a nuestras leyes y en base a ellas poner por delante la dignidad y los intereses de la nación en la relación y los intercambios internacionales. Al mismo tiempo, diseñar e instrumentar una gestión económica que fundamentalmente aproveche nuestros recursos y potencialidades, de modo que se fortalezca la autonomía nacional y se eleven consistentemente las condiciones de vida del pueblo mexicano.

Al igual que se universaliza la educación obligatoria, deben universalizarse los sistemas de atención a la salud y de seguridad social, que son la contraparte lógica de una reforma fiscal –hoy más indispensable que nunca- que logre captar con suficiencia los recursos que el crecimiento demanda, que fomente una equitativa distribución de la riqueza y el incremento sostenido del ingreso familiar e individual.

El sistema igualitario que se busca construir para nuestra sociedad, se corresponde a la construcción de un mundo equitativo, en el que se eliminen las hegemonías militares, políticas y económicas, que se desarrolle en paz y con un ejercicio amplio de la solidaridad y la cooperación para la atención de los muchos problemas que son comunes entre vecinos, en regiones, continentes y mundialmente. Será a partir del ejemplo y de desarrollar una auténtica  autoridad moral como nuestro país contribuya de manera efectiva a esta construcción.

Volvamos los ojos a Guerrero. A la Universidad Autónoma de Guerrero, a la que además de atender a la formación de sus estudiantes y apoyar a sus investigadores, corresponde, de manera prioritaria, contribuir a resolver los problemas de los guerrerenses y a fortalecer las capacidades de desarrollo del estado.

La universidad debe hacer visibles los problemas del estado: los rezagos y desigualdades sociales de la Montaña y de la entidad en general, la exclusión que han sufrido los pueblos originarios, la necesaria regularización agraria, los programas truncos para el aprovechamiento de los recursos de la Tierra Caliente, las necesidades de integración de las cadenas de la agroindustria y el aprovechamiento forestal, las amplias posibilidades de la minería, las carencias de la infraestructura de comunicaciones, salud, educación, riego, el cuidado y mejor aprovechamiento del potencial turístico.

Hoy no puede dejar de advertirse la grave situación de inseguridad y violencia que golpea en prácticamente todos los municipios de la entidad, donde los grupos delincuenciales disputan hegemonía y afectan la vida familiar, ciudadana, económica, cada vez en mayor escala. La solución de este problema no corresponde a la Universidad, pero si está obligada, con sus propias capacidades y allegándose colaboraciones de entidades académicas, grupos y organizaciones especializados, entes públicos federales y estatales, al estudio del fenómeno y al planteamiento de las acciones que las instituciones responsables debieran realizar.

Mi agradecimiento profundo, de nueva cuenta, al Consejo Universitario de la Universidad Autónoma de Guerrero por incorporarme a ella, al concederme la alta distinción de nombrarme Doctor Honoris Causa.