En el conversatorio sobre “Podemos y la trama española”, analizamos las estrategias de pedagogía democrática con las que el pueblo español, y sus posteriores formas organizativas, han dado cara al desgaste y crisis institucional, todo ello en el marco del proceso electoral que culminará en las urnas este domingo 26 de junio.

“Este es el primer conversatorio que tenemos dentro de un ciclo para pensar en una nueva pedagogía democrática” explicó Víctor García Zapata, director de la Fundación para la Democracia, al introducir a Alejandro Estrella, del Círculo Podemos México, Iñigo Bilbao Sagastiberri del partido vasco Sortu y Abraham Mendieta quien hasta hace unos meses era parte de Discurso y Argumentario en Podemos.

El conversatorio, que conjuntó a medio centenar de participantes en la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles, tuvo como punto de partida algunas preguntas sobre cómo se construyen los sujetos políticos en la crisis global contemporánea; qué papel tiene la idea de una pedagogía democrática en la construcción de los sujetos políticos; qué elementos de la trama española pueden retomarse para el contexto mexicano; y, cómo se construye una agenda programática transformadora en las luchas contemporáneas.

Retomar este caso resulta pertinente ahora porque la trama española del 15M a la fecha ha venido aportando una serie de reflexiones sobre la re significación de la política y sobre el llamado ideológico con el que se construirá la fuerza popular que disputará el poder a quienes se lo reparten dejando fuera a las mayorías.

Para Abraham, por ejemplo, Podemos cierra el ciclo de movilización que inició con el grito de “democracia real ya” del 15M, no porque sea una transformación directa, pero sí porque la formación de Podemos responde a que “el ánimo de las manifestaciones ya estaban muy desgastado. Ya no había ánimo asambleario, estaba muy desgastado”, dice recordando también la manifestación de “rodea al congreso” que fue duramente reprimida en Madrid. y agregó que “la única oportunidad que teníamos era pegar un petardazo por otro lado que no fuera la movilización social”, dice.

Si bien está claro que de lo que estamos hablando es de una fuerza social construida desde los movimientos sociales, y que sin ello sería imposible pensar la política española en las coordenadas actuales; también lo es que en el salto a la disputa institucional se ha ido conformando un peculiar cóctel de personajes en el que cada componente juega un papel específico en el ánimo convergente y en la intensa discusión conceptual que da identidad a este proceso.

Desde la puesta en marcha de la estrategia populista hasta la discusión sobre la unidad de las izquierdas, pasando por las interpretaciones sobre la transición, la crisis global y los reacomodos ideológicos, considerando las tensiones entre la transversalidad y la formación de confluencias, así como las contradicciones entre partido y movimiento, el proceso del que Podemos ha sido actor central ha provocado intensos debates encaminados a la reconceptualización de la política y las maneras de entusiasmar e incorporar a más personas en su ejercicio cotidiano.

Para ello, ha sido clave el esfuerzo de Podemos y de otros actores sociales para cambiar el vocabulario con el que se da la lucha política, lo cual ha implicado, por ejemplo, abandonar el discurso de oposición de la movilización social, a uno de propuesta. Entrar a la institucionalidad ha supuesto todo un reto, cuyo riesgo es que Podemos pudiera solo romper con el bipartidismo pero integrarse a ese mismo sistema, como comentó Iñigo quien recordó que “en el 82 también veíamos con mucho optimismo a Felipe González”.

Frente a este escepticismo aparece la idea del “inicio del ciclo de asalto institucional que tiene como linea de partida la construcción de un partido político de facto pero que buscaba otras formas de hacer política”, piensa Abraham. Es un partido que supone la creación de un nuevo sujeto político, y al cual se han sumado muchas otras iniciativas en confluencia con los triunfos pasados en Barcelona, Valencia, y Madrid, entre otras ciudades. Es una apuesta por operativizar y abrir las instituciones a quienes vienen de la movilización social, pero sin pretender agotarla y concluirla.

Desde hace varios meses la Fundación para la Democracia ha dado seguimiento a estos debates. Es nuestro objetivo analizarlos mirando sus límites y potencialidades, con la perspectiva de retomar lo que pueda sernos útil para la formación política y para las disputas por la nación que han de venir.