Al recibir el Premio Amalia Solórzano de Cárdenas, el antropólogo y defensor de derechos humanos, Abel Barrera lo dedicó “a las madres y padres de Ayotzinapa que luchan por un México donde la verdad impere y nuestros desaparecidos sean recordados en todo momento”. Con estas palabras dio cierre a la ceremonia del premio, seguido de la exigencia “porque vivos se los llevaron” seguida del “vivos los queremos” en la voz unánimemente del centenar y medio de asistentes.

Durante su discurso de agradecimiento Abel, quien es fundador y director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, hizo referencia constante a las organizaciones y pueblos que acompañan. “Este premio lo recibo en nombre de las comunidades de la Montaña en un momento crítico y avasallador” dijo refiriéndose a los altos niveles de violencia que han hecho del estado de Guerrero uno de los más peligrosos del país, particularmente para quienes defienden derechos humanos y emprenden luchas de resistencia; sin embargo, al tiempo son “las luchas de los pueblos la muestra de que se puede hacer algo contra las estructuras de corrupción e impunidad”.

En específico, tanto él como Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, integrante del consejo del premio y presidente del Centro Lázaro Cárdenas y Amalia Solórzano, y el activista e investigador social, Adolfo Gilly, recordaron que la impunidad y la ausencia de justicia prevalecen en uno de los casos emblemáticos que Tlachinollan lleva, el de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos.

Cuauhtémoc expresó que “sabemos que existen autores materiales o intelectuales a quienes de diferentes maneras, autoridades del Estado han venido protegiendo con impunidad, evitando así que enfrenten la justicia […] Se tiene certeza de que alguna o algunas personas que están o pasaron por esas instituciones [Policias Judiciales, procuradurías estatales y de la República, Secretaría de la Defensa Nacional y el propio Poder Ejecutivo Federal] tienen conocimiento amplio y claro de qué y cómo sucedieron lo acontecimientos de Ayotzinapa”. Y frente a ello llamó a la verdad: “Quiénes mayor interés debieran tener en no mantenerse como delincuentes […] debieran ser las más altas autoridades […] De no hacerlo así seguirán compartiendo la culpabilidad de las hasta ahora 43 desapariciones forzadas, y tarde o temprano conocerá lo sucedido la opinión pública del país del mundo”.

Es un gusto recibir el premio doña Amalia
porque ella y Lázaro entregaron sus vidas por nuestra soberanía.
Doña Amalia es un ejemplo de la solidaridad latinoamericana.

A la par, Adolfo Gilly recordó que “la lucha de Ayotzinapa es la misma donde han aprendido Madres y Padres sobre cómo acuerparse, hacer comunidad, para encontrar la verdad”, para explicar la relación inquebrantable que existe entre la creación de comunidad y la búsqueda de la justicia.

Son “todas las luchas que Abel y Tlachinollan han acompañado, las que reciben este premio de Doña Amalia Solórzano de Cárdenas”, dijo Gilly al recordar algunos de los casos más emblemáticos que han caminado junto a Tlachinollan, como los campesinos opositores a la presa La Parota, las Policías Comunitarias, la defensa de Inés y Valentina –abusadas sexualmente por militares y cuyo caso le fue ganado al Estado mexicano en la Corte Interamericana de Derechos Humanos–, su acompañamiento a jornaleras y jornaleros agrícolas, y un amplio etcétera.

“Es un gusto recibir el premio doña Amalia porque ella y Lázaro entregaron sus vidas por nuestra soberanía. Doña Amalia es un ejemplo de la solidaridad latinoamericana” dijo Abel quien comparó a doña Amalia con todas las mujeres que resisten y defienden sus derechos y los de sus pueblos en la Montaña.

Finalmente, Cuauhtémoc Cárdenas Batel explicó que “el Premio Amalia Solórzano de Cárdenas consiste en una pieza de bronce realizada y generosamente donada por el reconocido artista Gabriel Orozco, quien se basó para su elaboración en una vaina de parota recogida en el rancho Galeana, que fuera de Lázaro Cárdenas y de Amalia Solórzano. La madera sobre la que se montó el bronce procede también de Galeana, de una parota partida por un rayo en un día de tormenta y de la cual hemos rescatado parte del tronco. Por la infinidad de nombres que recibe y la diversidad de lugares en los que se encuentra, hemos querido ver en la semilla de parota un símbolo que, más allá de lenguas y fronteras, nos recuerde que hay principios y valores universales por los que siempre vale la pena luchar”.

El premio es entregado anualmente desde 2011 como reconocimiento a personas o instituciones que se hayan distinguido por su trabajo y actividad en favor de la independencia nacional, la defensa de la soberanía de los pueblos, el mejoramiento de los pueblos indígenas, la paz, la lucha contra la marginación y las exclusiones sociales, los derechos humanos, la integración latinoamericana, la educación, la ciencia y la cultura. Con anterioridad ha sido entregado al Instituto Politécnico Nacional (2016), Miguel León Portilla (2015), Raúl Álvarez Garín (2014) José Mujica (2013), Eduardo Galeano y Marta Lamas (2012) y a Luiz Inácio Lula da Silva (2011).

Mira la Transmisión completa de la entrega del Premio Amalia Solórzano de Cárdenas 2017