El segundo debate entre candidatos presidenciales constituyó una clara representación de la realidad política y electoral en nuestro país, férreamente controlada por los dispositivos institucionales y mediáticos, quienes establecen los múltiples episodios de la sociedad del espectáculo que abonarán a la construcción del pensamiento único, intentarán adormecer nuestro sentido crítico y buscarán convencernos de las bondades del régimen y el modelo, aun admitiendo que son perfectibles.

El proceso electoral es un espectáculo controlado mediáticamente, en que partidos, candidatos, fuerzas económicas, informadores y comentaristas simulan un ejercicio democrático para reproducir el modelo que nos rige. Los ciudadanos somos observadores pasivos del espectáculo que a veces admite alguna que otra irrupción discrepante para dar sentido o, también, como reacción legítima.