Hubo un emotivo homenaje al infatigable luchador social Raúl Alvarez Garín, el viernes 9 de agosto de 2013. Cabe aseverar que hace ya muchos años Raúl ha merecido varios homenajes por ser un arquetipo de lo que es un hombre comprometido con el progreso humano, con las causas populares y con el socialismo. En estos tiempos de apatía, conformismos y resignación, este eterno guerrero representa un camino a seguir, una trayectoria digna de emular, una serie de acciones de suma relevancia y significación en el áspero y a la vez gratificante luchar en pos de la emancipación humana.

En el homenaje a que hacemos referencia se habló prolijamente de Raúl como protagonista fundamental del movimiento estudiantil en 1968, sobre sus múltiples labores como luchador social; se aludió reiteradamente a su vinculación directa con diversos tipos de trabajadores; no faltó la información en relación a sus esfuerzos por prohijar medios de comunicación donde se expusieran las necesidades y requerimientos de los explotados y oprimidos. Sin embargo, me llamó la atención que no se hiciera ninguna alusión al trabajo de Raúl en el interior del Partido Comunista Mexicano (PCM). Ciertamente se caracterizó a Raúl de militante comunista, de alguien formado en las lides donde se enseñoreaba la bandera con la hoz y el martillo; un veterano dirigente del PCM, Gerardo Unzueta, envió una felicitación a Raúl y el acto finalizó cuando se interpretó el gran himno de los trabajadores, La Internacional. Pero no se habló del homenajeado como dirigente del PCM.

Tuve el honor de ser dirigente de la Juventud Comunista Mexicana al lado de Raúl, allá por los inicios de los sesentas. La JCM era la rama juvenil del PCM, aunque en los hechos no era una organización que fuera muy adicta a los úcases y mandatos de la gente mayor en el partido. En la dirección de la JCM se hallaban también otros jóvenes de notoria capacidad y ardor combativo como Walter Ortiz, María Fernanda Campa y un compañero de apellido Soria. En el órgano directivo también sobresalía por su capacidad de trabajo Rafael Aguilar Talamantes, compañero que lamentablemente en años posteriores adoptó posiciones oficialistas.

Me referiré ahora a cualidades de Raúl que en buena medida lo asemejan a ese gran luchador comunista que fue Julio Antonio Mella, líder cubano asesinado en México por órdenes del dictador que padecía su patria. Aunque Raúl, es un hombre estudioso y conocedor de las obras clásicas del marxismo, no ha realizado una obra teórica equiparable a la de Mella, que quizá si hubiera vivido más tiempo hubiera alcanzado una posición intelectual cimera como la del peruano José Carlos Mariátegui, contemporáneo suyo y ya famoso en la década de los veintes. Raúl, nacido en 1941, siendo muy joven todavía, decidió involucrarse en una tesonera praxis, en un torbellino activista porque ello era necesario y urgente en los sesenta, cuando los contingentes de izquierda y revolucionarios habían sido muy reprimidos, mientras que otros sectores progresistas se hallaban sometidos a una enajenación histórica (descrita por José Revueltas en su libro El proletariado sin cabeza) que los supeditaba al progresismo estatal. Los esfuerzos de Raúl tendían a garantizar la independencia de los movimientos sociales, en pro de la consecución de sus metas.

Conocer a Álvarez Garín determinó un viraje en mi existencia. Cuando ingresé a la JCM en 1961 yo era un curro o pipirisnais proveniente de dos familias acomodadas. Raúl, en ocasiones afable y sencillo, a veces gruñón e irritable, ha sido un gurú, un maestro de vida, sin que haya tenido la pretensión de serlo, porque a diferencia de tantos intelectuales retóricos –muchos con pretensiones de ser guías del izquierdismo mexicano– en Raúl el narcicismo está fuera de lugar. Trabajar con este militante no de ocasión, sino de cada ocasión, nos ha enseñado a mí y a muchas otras personas a no cesar, a hacer devenir nuestras existencias en diarios escenarios de lucha, a reconocer las aspiraciones de los sectores populares, a saber que la dignidad personal se construye con los actos cotidianos en pro de la emancipación humana.

Ya por los sesenta, siendo muy joven, Raúl bregó por la nacionalización de la industria eléctrica, apoyó ulteriormente el movimiento ferrocarrilero encabezado por Demetrio Vallejo (lo que le costó la cárcel) y después ingresó al PCM. Como dirigente de la JCM, Raúl representa a un conjunto de jóvenes luchadores que fueron los protagonistas fundamentales del movimiento estudiantil de 1968, jóvenes de diversas clases y grupos sociales nacidos entre 1938 y 1948, si bien recordamos que en ese movimiento participaron incluso estudiantes de secundaria.

El 1968 no se explica sin los movimientos sociales precedentes, que fueron minando al régimen autoritario. Así, por ejemplo, el citado de los ferrocarrileros, de los médicos, de telegrafistas, movimientos estudiantiles previos, etcétera. En varios de ellos el apoyo de Raúl fue notorio; no sólo fue un protagonista fundamental del movimiento del 68, sino precursor sustancial del mismo.

En este contexto, ante el notorio declive del socialismo real en los años setenta, en el PCM se genera una corriente de izquierda democrática que impugna la burocratización partidaria y otra que se deja seducir por los cantos de sirenas el eurocomunismo. Varios miembros de la primera corriente rompieron con el PCM, y prosiguieron protagonizando una serie de acciones en pro de la democracia; entre ellos estaba Raúl. Y vino el 68, y allí Álvarez Garín tuvo un desempeño fundamental.

Lo que podemos afirmar muchos es que sí en México hubiera 20 hombres y mujeres de la talla de Raúl Álvarez Garín, ya abríamos avanzado mucho más en alcanzar el preciado galardón de la democracia.

*Antropólogo social

Artículo publicado en La Jornada el día 11 de julio de 2014