Felicito la decisión del Centro Lázaro Cárdenas y Amalia Solórzano, A.C. de otorgar el “Premio Amalia Solórzano de Cárdenas” a Raúl Álvarez Garín a manera de reconocimiento por su compromiso con las luchas sociales, por las libertades democráticas, por la verdad y la justicia contra la impunidad. En estos días en que campea la injusticia, estimula encontrase ante un acto genuinamente justo, porque Raúl es un líder que nunca ha caminado solo, lo hizo junto a la denominada generación del 68 .Como integrante emblemático del Consejo Nacional de Huelga supo expresar la voz de tantas y tantos jóvenes que gritamos el Ya Basta de aquellos años. Bien sabemos que el movimiento de 68 significó un parteaguas en la vida del país cuyos senderos democráticos aún no están completamente abiertos o incluso hoy en día viven un asedio regresivo. Durante los siguientes treinta años Raúl participó de diversos proyectos políticos siempre en la línea de la izquierda social en aquellos años plenamente identificada. Destaco sólo el más reciente, el que emprendió en una singular batalla con Félix Hernández Gamundi y Jesús Martín del Campo de manera destacada, bajo el manto del Comité de 68 por las libertades democráticas. Se trata de la activa participación para lograr el juicio y condena penal para los responsables de los crímenes de lesa humanidad que el Estado mexicano cometió en 1968 y 1971. Dentro de los cuales y tras la muerte de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Alvarez fue y es el acusado central. La convicción de los promoventes entre muchas otras parecía expresarse en una suerte de desafío contra la impunidad. Se buscaba ni más ni menos, acercar la verdad real e histórica a la construcción de la verdad jurídica.

Con firmeza prosiguió Raúl ante el discurso desmovilizador de algunos sectores que también con buenas razones han cultivado la desconfianza en los caminos del Derecho y quienes señalaban ¿con cuáles “pruebas” y cuál derecho se está consignando a los presuntos responsables de la guerra sucia, cuando el control de las evidencias de estos crímenes estuvo en manos de los mismos que los cometieron? De ese tamaño fue el desafío, pero el Comité de 68 si contaba con numerosas pruebas que fue recopilando a lo largo de los años y así se fue tejiendo lo que diría constituye jurisprudencia de la historia, de la verdad histórica. Basta ver la riqueza que contienen la serie de diez tomos de México: genocidio y delitos de lesa humanidad 1968-2008 publicados por el Comité 68.

Mientras las decisiones judiciales surgían con altibajos, se avanzaba en materia de no prescripción del delito de genocidio pero no en que se fincaran responsabilidades concretas. Raúl se adelanta al juicio del desencanto y afirma :

“No es cierta la idea de que los juicios en contra de Echeverría no sirvieron para nada. En México quedó admitido que sus delitos son de genocidio y no prescriben, e incluso estuvo en arraigo domiciliario. No es cierto que está exonerado, está libre bajo reservas de ley, y mañana mismo se le podría procesar” (La Jornada 5 de agosto de 2013).

Está en suspenso la gran tarea de que se haga justicia por los crímenes del pasado: las matanzas estudiantiles de 1968 y 1971 y las desapariciones de la guerra sucia -en la década de los 70 y principios de los 80-,ello amenaza directamente el corazón del priísmo por sus saldos de impunidad respecto de la participación del Ejército y de grupos paramilitares, la minusvalía del Poder Judicial, así como por el manejo y complicidad de la gran mayoría de los medios de comunicación, que durante décadas se han encargado de cultivar la enajenación de la sociedad para promover el desinterés por el esclarecimiento de esos crímenes de Estado.

En este momento existen posibilidades jurídicas nuevas a partir de la reforma constitucional de 2011 en materia de derechos humanos sin embargo palidecen ante un panorama cada vez más complejo. La nación vive una crisis en todos los órdenes ,la hegemonía de la clase política ha pactado la entrega de sus recursos estratégicos al capital transnacional y la defensa frente a las violaciones cotidianas a los derechos ciudadanos y de los pueblos consume la energía de los sectores democráticos . Sin embargo la lección de vida y de congruencia de Raúl Alvárez Garín son un aliciente imprescindible. Muchas gracias.